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El ojo de la mañana está desnudo
como una piedra mojada
levanta su intención de ver al mundo
levanta su mirada
que en el quehacer de los días
sueña las frías coordenadas
coordenadas de caricias
de nubes entreveradas.

Mira hacia su horizonte
el ojo de la mañana
encuentra tierra y silencio
encuentra desfigurada
la cicatriz solitaria
cicatriz que se abalanza
sobre los rayos del sol
que se columpian con calma
entre el olvido que zumba
y la tristeza del alma.

Se encuentra con todo esto
el ojo de la mañana
y en su camino de luz
abre la cima plateada,
el ojo de la mañana.

 

Rómulo Pardo Úrias

Señal de vida.

Entrando para salir: un momento.

Instante sabor a jazmín.

Duelo constante.

Salir para entrar a otra parte.

Distancia distante de ti.

Pelícanos en el muelle.

Entrada y salida de viento.

Viento que nace en el vientre.

Viento que no volverá.

Rómulo Pardo Urías

De: Rómulo Pardo Urías

 

 

A Pablo Neruda 

Hace hectáreas cuadradas de tiempo

tu voz se llamaba alegría.

Mis párpados cerrados de amor

entre luciérnagas de agua

esculpen canciones de utopías desgastadas,

esferas de triste figura.

 

Después del silencio del llanto

―como tristeza de helado caído―

irrumpes la costa morena de mis cortinas:

contagio de fuegos artificiales en mi balcón.

 

Hace sólo un suspiro logré medir tu ausencia.

Fuiste tú, el poeta. Después de tú muerte –llanto-

sembraremos siluetas oblicuas de sol.

Echaremos a andar caminos de miel.

Escupiremos silencio a tu lado.

 

Antes de ti flotaba el misterioso endecasílabo.

Por tu torrente –continente marino-

surge mi instinto autodestructivo.

Soñaremos en tu cama.

 

En tu aposento somos figuras de chocolate derretido,

miradas derretidas de erotismo.

 

Flotaremos como tu recuerdo abandonado al día.

Hoy somos frambuesas para una boca infante,

la del tiempo que engendró poesía.

 

Rómulo Pardo Urías

Rómulo Pardo Urías

 

Enciende el amanecer una noche distante,

como si la luna flotará en docenas de semillas,

gérmenes de sonrisas, de llantos y despedidas.

 

Concursan caricias en una silla –mecedora ancestral-

que acurruca la frontera del silencioso sueño refulgente.

 

Rómulo Pardo Urías

 

http://romulaizer.wordpress.com/poesia-incompleta/

Rómulo Pardo Urías

Una vez odiamos el silencio:

en silencio…

por el silencio…

con el silencio…

Quisimos matar a gritos

―a gritos mataron,

en gritos morimos,

por gritos mataremos―.

Con gritos y en gritos morimos.

Hace tantos susurros olvidamos

que en ellos el olvido fue caricia

de tiempos perdidos en sonidos.

.

Rómulo Pardo Urías

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Rómulo Pardo Urías

.

Mi aliento canoso de ustedes.

Tus ojos cansados de oír.

La silla exhausta de nuestros jamones.

La mesa cansada de tanta avaricia.

Los tragos amargos del viejo café.

Cansado, cansado, estar cansado.

Mejor hagamos el amor como primates.

.

Rómulo Pardo Urías

.

http://romulaizer.wordpress.com/poesia-incompleta/

De Rómulo Pardo Urías

 



Quiero que seas mi último amor

así como el primero pero el último

así como el segundo pero el último

así como el tercero y el quinto

pero quiero que seas mi último

pedazo de almohada sobre la faz de la tierra

para soñar y cantarte

para esperarte

para desearte toda la vida

todos los días que tengamos por delante.


Quiero que seas mi último amor

como el primero pero el último

como el sonido, como el silencio,

como el estruendo del mar,

como tu nombre de luna llena

como tu ombligo de estrella

pero que seas mi último amor

quiero que seas

nada más para que seas como ninguno otro

amor haya tenido sobre la faz de la cama

y que seas la almohada donde imagine

sentir la calma, frenar la astucia, poner distancia

a la pesadilla, dislocando de ternura

el embalaje soberbio de mis angustias.


Quiero que seas mi último amor

para olvidarme que ame antes de ti

contigo sin ti buscándote extraño

por los pasajes sombríos

de infinitas guerras pasionales

y nostalgias enfermizas

y que sin ti ni hubo filo de tiempo

ni daga o cuchillo

que fuera certeza de vida

pulsión instintiva

fuerza, acción y contracción inesperada

o parto prematuro o aborto seguro

o baladas compuestas y neuróticas fiestas

con chochos psiquiátricos y ácidos cruentos

y viajes orientales sin geishas

y templos ancestrales de impulso mortuorio

y fin de orquesta y cariños fríos y exigencias feas.


Quiero que seas mi último amor

porque si hay uno primero

yo quiero que seas el último

para olvidarme que ame antes de conocerte

y que al amarte olvido cuanto antes haya amado

porque sin ti no habría sido posible

cantarle al venado su canto de cuna

ni ver en el cielo la luz entibiada

del sol en tu nombre de luna

llena de mieles insospechadas

y no de caricias amargas

llena de aliento y de alegría

y no de falsa palabrería

llena tiempos, llena de espacios

de cuales todos yo quiero optar

por ser contigo el último tiempo

el último espacio donde perdure

el dulce golpe de besos ciertos

de besos vivos

de besos nacientes

de besos poblados

de besos golosos

de besos soñados

de besos de colores

como mariposas en el vientre

como chocolates derretidos

como llanto compartido

como este silencio vivo

que todos los días me dice

quiero que ella sea tú último abrigo.

.

Rómulo Pardo Urías

De Rómulo Pardo Urías

 

No vengaré en tu nombre Margarita

ni en el de ninguna mujer…

Dos aguilas los acompañaron aquel día

Dos tristezas tibias ahora emergen

Tu negación perpetua

Tu amarga ternura

Elvis Presley, tu y yo.

¿Para qué distinguir entre un susurro y un rumor?

¿Para qué los actos?

¿Para qué estos desgarrados alientos nuestros?

Yo te diría: queda usted desarmada de por vida

Usted no supo hacer la revolución

Como yo no supe hacer el amor

Aunque los fusiles tengan punta

Y el lápiz se rompa de vez en vez…

 

Una mañana no fui asesinado

Rómulo Pardo Urías

De: Rómulo Pardo Urías

 

¿Son nuestros pensamientos

frutos podridos, engendros

del antiguo árbol del conocimiento?

 

¿Inmaculadas líneas divisorias

que se sumergen en su quietud

y se propagan en lo infinito?

 

¿Son siquiera restos de un lenguaje,

somnoliento y diluido, pedazo de la realidad

que se ha desvanecido cuando tratamos de evocarlo?

 

Tal vez sólo sean sepulcros

de tantas visiones que se presentan,

de miles y millones de sonidos hipnóticos,

descalabrados chiflidos de la tempestad.

 

Quizá son el residuo de la memoria

que sigue jugueteando con los trapos

que se quedaron tendidos el día de San Valentín.

 

Entonces hay ciertos pensamientos

carentes de significado,

que se han perdido a la vista

como gaviotas en la mar océano

sin nada que pudiera hacérselo saber.

 

Quedan sin nombre aquellos alaridos

mutantes y amenazadores en su intimidad,

falsos, condenados pero nunca tajantes;

simples y portentosos llegaron

y no se fueron hasta hoy.

 

Más poemas de Rómulo Pardo Urías: www.epicavirtual.com 

De: Rómulo Pardo Urías.

Pasemos todos a este mercado de la carne,
al extasiante cuarto
donde esterilidad los espermas
soplan
por ser los cuerpos el desierto
plasmado entre paredes,
utensilios de plástico y colchones.

Pasemos para sentir el placer
en aquellas formas repulsivas y asquerosas
de la plétora sexual…

Pasemos a devorar las pieles prohibidas
por acuerdos moralmente hechos.
Rasquemos la espalda a la puta,
seamos la puta desfalleciendo,
vivamos puterías y aventuras putas
entre putas con las putas ganas de olvidar
—amores y odios—
en esa indiferente fragancia raspada
—de la sórdida marcha del vaho—
y el ambiente saturado a plenitud
con amoniacal presencia.

Volquémonos al andurrial:
¿dónde han estado los que otros fueron
constancia del oficio más longevo,
del trabajo peor pagado,
de esta jornada sucia que consta
de caricias falsificadas e ilusiones rotas con dinero?

Pasemos al tianguis del proxeneta.
Hagamos del tiempo agua blanca
mientras hundimos las penas en la droga amorosa:
para hilar desprecios de infancias corrompidas
o destartalar sentimientos y trocarlos en sensaciones
inútiles como cigüeñas sin cargas.

Abortemos pasiones y vulneremos bocas
con lechosa mezcla seminal cada vez renovada
en apetitos iracundos y huecos de nostalgia.

Pasemos todos al festín repulsivo del camastro
como trono para la mujer vuelta mercancía,
mercancía devaluada de todos los días,
de las noches todas de sueños arrebatados,
de todas las falsas muecas y todos los aires falsos
y de toda onomatopeya del yugo emergente:
necesidad y vorágine del silencio vuelto lágrimas secas
como destierro de voces vuelto destierro de máscaras…
como volverse cada vez un poco nada…
como saberlo todo inevitable por el silencio
carente de inocentes gotas saladas
resguardadas en los párpados.

Pasemos marchantes al burdel de esta vida,
al frenesí de la carne sedienta de sangre
y esperma y babas y todos estos viscosos líquidos
y jugos y bebistrajos corpóreos
de nuestros adentros íntimamente privados.

Pasemos salvajes maniquíes,
pasemos al mercado, al tianguis
de lo asqueroso,
de lo insensato,
de lo pecaminosamente tachado
de acto frívolo, de poca cosa.

Alcemos la cara a los cuerpos con almas mutiladas
mediante pornográficas escenas frustradas,
con acrobacias amatorias monótonas,
para dar cuenta de lo que es
vender el pellejo para comprar otro.