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Hay días como hoy
en que el sol no brilla
y las horas se coagulan
en letal aburrimiento.

Días como éste
en que no hay llegada
ni salida, en que la fatiga
devora anhelos pendientes.

Hoy no quiero recibir amigos
ni escuchar canciones.
Hoy no hay Dios ni fe.
No hay armonía ni viveza,
sólo hundimiento en el desamor
y la implacable apatía.
Puede que mañana la sintonía
de la radio mejore, quién sabe.

Por hoy la vida no tiene sentido.
Por hoy las campanas sangran
y la amargura asesta una estocada
al corcel de la dicha.
Por hoy me borra la goma
del lápiz de mi existencia.

Amo a Las Choapas, este pueblo,
con su fealdad a cuestas
con sus calles lunares
y sus parchadas casas.
Amo a Las Choapas honestamente,
con su boca desdentada.
Recorro en largas caminatas
su geografía marchita
disfrutando sonidos y olores,
descubriendo poesía en su mercado
donde acuden personajes de novela.
Amo a este bronco pueblo
en el que pasé mi infancia
azul y roja,
en el que amé a Laura
lo que duró la secundaria.
Me fui de aquí por muchos años
y estoy aquí de nuevo,
re-descubriendo
re-conociendo
re-molestando.
Amo todo lo que de él emana:
árboles de magia,
amaneceres de zanates,
un río lacerado
y parques malheridos.
Amo a Las Choapas
sin remedio.