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El grito suave de la noche
apresura la ternura,
con un beso, con dos,
pasa la vida,
tu mirada sonroja
mis siete lunas, con sus soles,
inflama el paraíso
de furia enternecida…
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[Un día rescaté
una orquídea de un infierno,
crecí un poco
y olvidé cuidar de ella,
le crecieron anhelos...
y orquídeas nuevas,
y en mi mente,
demonios color rojo,
como sus matizados pétalos...]
Tanta gente,
tantos ayeres,
tanta inspiración
por los ocasos,
y siguen vivas
las orquídeas.
La noche marinada
con suspiros,
las luciérnagas
vueltas estrellas,
mi mano buscando abrigo,
mi corazón tocarte.
Y siguen vivas
las orquídeas,
persistente negación
del abandono.
El viento recorriendo
mi rostro,
insinuando primaveras
esculpiendo la sonrisa resignada
del que espera nada,
y nada encuentra.
Y siguen vivas
las orquídeas,
señales discretas:
aún hay perfume en las palabras.
Si consiguiera
pronunciarlas
y sembrar orquídeas nuevas…
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¿Sé reconocer, o no sé?:
O ser preciso, o ser preso, o si ser… preso,
¿es o no reconocer?, ¿es?
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Luz, a la mar se va sola,
so revés:
no sol,
Se le anula la luna, él es.
Hoy, ese trama amarte, sé yo
lo son
severos
halos, aves, ramal azuL.
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Los camiones hacen fila
esperan devorar gente,
el humúnculo que los mueve
duerme cansadamente,
como esperando el día
de la jubilación,
pero ya no hay tal consuelo,
vivimos el tiempo de la orfandad social
la selva con su terca obsesión
por ser más piedra que flor,
más arena que pétalo,
consume ojos y días
en el trabajo de intentar mirar el sol
se convierte en presagio
del obscurantismo que nos traga…
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Quiero tomar
del instante
en que te mueves
la interrogación
de tu figura.
De tu respirar,
la posibilidad
de darme vida,
para seguirte mirando.
Del espacio que ocupas,
el adorno de tus pasos
del sinuoso camino,
las crestas de tu andar,
de tu reposo, los valles.
De tu sueño, el descanso
y su facultad
de volverte niña
(pequeña figura),
de sumergirte
en trance de hermosura.
De tu risa,
su potencia encantadora
torrente de esmaltada luz,
para colorear mis días,
mis madrugadas.
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De tu industrioso pensar,
el mecanismo del ingenio
que me haga darte flores nuevas
un entendimiento extendido
de mi caverna a tu cielo.
De tu tacto,
la suave impresión
constancia digital
de tu existencia.
De tu escritura,
el mensaje más sutil
para conmover tus ojos
con mi nombre
formado por tus letras.
De tu palabra,
el simultáneo gozo
de pronunciar y oír
una frase decidida
creadora de un eco
que nos nombre.
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Hermosa triangulación,
que en tu cerebro se concibe,
atento ataque que a mi ser diriges.
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I
Asombrosa mano del deseo
vuélvese luz de líquido destello
imanta la calma y se la lleva
como en caballo cósmico
a la llanura del anhelo.
Toma en toda su extensión
el pequeño mundo de mi paz
le hace la guerra sin tregua
siembra una sonrisa y sigue,
perverso, removiendo semillas
plantándo árboles de la vida
con cien ramas y mil claros de sol.
Abre la blanda carne
y le inyecta vida en fuga,
transitorio paso delirante
hace mover el interior mecanismo de la risa,
el delicado equilibrio del gozo
se perturba sin cesar.
Faro nocturno que hechiza
se transforma en mil preguntas
una a una se eternizan
en la piedra del recuerdo,
donde se hacen retratos
del quebranto a la serenidad.
II
¿De dónde viene tu asesina precisión?
esperanzada apuesta por el mar
gasificado líquido vital,
quemante hasta un punto soportable,
furor de volcan en celo
fuerte tempestad de fuego.
¿Cómo es que tocas el sol
sin llegarte a quemar?
y me animas a ese trance,
en que todo se vuelve dorado
sabiendo que abrasado
mi cuerpo terminará.
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Yo no espero nada
ni la luz, ni la palabra,
ni la noche ni la mañana.
No espero ni tus brazos,
ni tu lengua, ni tu cara,
completa o en pedazos,
no generosa ni avara.
No honesta, ni embustera,
no con lanza o con rocínes
no en tu monte o tu vera
no vengas, no te aproximes.
No vestida de alba,
sin música en calma,
no tu blusa, no tu falda,
no en cuerpo, menos en alma.
No abierto el corazón,
ni las manos, ni las piernas
sin caricias tiernas
sin primitiva emoción.
Yo no quiero nada,
ni dolor, ni esperanza,
ni respiración agitada,
ni perdón, ni venganza.
Yo no espero nada,
con tu sonrisa me basta.
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Hay deseos que crecen
como la mala hierba,
con sólo dos gotas de ilusión,
25 gramos de tierra,
y un sol de mirada clara.
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