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Un golpecito seco
en el plexo solar,
un espasmo tenue,
un ligero impulso
por llorar…
Camino en estas calles
tan llenas de memoria,
tan vacías de mí,
de mis pasos que persigo,
sabueso adiestrado,
y me muerdo el cansancio,
lamo mi sudor de hierva fresca.
No me encuentro
ni en mí
aunque me busco fuera
del pequeño mundo
de mi contorno gris
más claro que yo
y más obscuro
que mi conciencia.
Me veo caminando
y el deseo me urge
a ir tras de mí,
a saludarme,
a recordar
mis pendientes,
mis tareas de vida
aún sin fecha de caducidad.
No me alcanzo,
el tiempo transcurre
más aprisa
que mis pasos,
oruga taciturna.
Me sigo en otra calle,
los empedrados recuerdos
no se hacen esperar,
embaldosan mi calma
con su nostálgico peso.
Me sigo, no me alcanzo.
La distancia de los años
se dilata
con la melancolía
en que me hierve el pecho,
al sol de esos anhelos
quemados por mi invierno,
que no calienta
mi primavera
recién descubierta.
Un golpecito seco
en el estómago,
una lacrimógena visión,
una espera sin objeto,
un sujeto sin verbo actuar…
Repentinamente
temo que otro yo,
más obstinado,
me esté siguiendo
en unos años,
sin descanso
con una errante rabia
entre los pies
y un corazón
hecho cenizas.
Un espasmo tenue,
un ligero impulso por gritar…
Y no me alcanzo.
Xalapa, dic 2010.
18h30
11 Comentarios »
I
Un ángel es ante todo
un pájaro atrapado
en un cuerpo sin plumas
en un personaje loco
que vuela sin alas.
Es una aproximación
a la desventura
anónimo cuerpo sin pico
sin sexo
rara avis de legionaria extracción.
Un ángel siempre
es un extremista religioso
adora al benigno
contemplándolo orgásmicamente
ofreciéndose mensajero,
virtuoso trompetista,
guardia virtual
de terrenales espaldas.
O bien,
adora al maligno
ofreciéndose servil esbirro
espiritual perro de presa,
zopilote sin nido,
y se vuelve ángel caído
en tentación carnal,
envuelto en las lides del destierro,
campeón de la pérdida
del cielo prometido.
II
Un ángel se hace de barro,
blanco de preferencia,
de madera suave,
de cerámica brillante,
de semillas, granos
o lentejuelas,
de vidrio de esfera,
vítreo traje
de quinceañera con alas,
lo envuelve una túnica blanca,
ceñida por un cordel tautológico.
Un ángel no tiene espada
ni lanza, ni escudo,
viste de monje, de soldado,
de carmelita descalzo
de asceta empedernido,
siempre niño, bien bañando,
falso pelo ensortijado.
Un ángel siempre tiene aureola
y una vela o una plegaria,
entre sus blancas manos.
Un ángel no pasa hambre
entre el temprano día y el atardecer,
por eso quiero ser ángel.
Los hay negros,
asiáticos,
pero no morenos
ni indígenas mexicanos,
(aunque los vistan de tales)
mucho menos pieles rojas,
o del resto de América,
porque todos ellos son
hijos de la tierra
y no de Dios.
Por eso no soy ángel.
3 Comentarios »
Mujer sonrisa de viento,
ojos de vago mirar,
labios de misterio
placer encubierto
tras el manto púrpura
de lo imposible.
Cuerpo de profética estructura,
cumplida tarea
de la victoria cotidiana
sobre la anomia personal.
Lumínico andar
cadencia musical
ajena a mi intento
de ser intérprete
de la colección
de alientos,
del tiempo perdido,
banda de viento consumido,
que ya no sabe tocar.
Mujer manantial,
presencia de nubes
coloreadas de cinabrio,
recinto sin puertas
ante mi incierto paso,
sin ventanas
para mi ciego mirar.
Nombre rojo
cosmética capa
en tez trigueña.
Destello de sapiencia,
arcoiris robado al cielo,
dispuesto en trazos breves
alrededor de su voz.
Efímero gozo
que se va con mi respirar,
clara mariposa
que anuncia en su aleteo
la oportunidad en fuga,
la ocasión perdida,
de la negación momento cumbre.
No Hay Comentarios »
Deseo,
un ramo de espigas,
hieren sus puntas
tanto como las astillas de la luz,
al invadir furiosas
la blanda carne de la mente.
Alambre de púas
usado como cadenilla
para adornar
el hermoso cuerpo
de la ironía,
cisne de elegancia nívea
con vivos tornasol.
Cascabel de cobre
en el cuello de un jaguar
que uno se empeña en colgar.
Uno se acerca a él
como mosquito
ante la luz
sin temor a quemarse,
morir bañado en fuego.
Deseo,
fruta venenosa
de cicuta dulce
de jugo asesino,
de savia azucarada neurotóxica,
mata sabrosamente
mientras uno
la exprime con delirio.
Planta carnívora
atrapa el anhelo,
cierra su trampa
alrededor
del cuerpo alado
de las ganas,
del deleite.
Flecha que alejándose
rompe el tejido de la paz,
húndese hasta el hueso
sin dejar de avanzar.
Sierra de mil puntas
que uno se empeña
en acercar al corazón
a 2010 revoluciones
por latido
su cadencia.
No Hay Comentarios »
I
Araño de continuo
la tela del deseo
saco hilos de colores
que prometieron
ser negros.
Me acuerdo de tu falda
tan corta
como nuestro instante
tan larga
como nuestro duelo.
Recuerdo que tampoco
tenía hilos negros,
puros morenos anhelos.
Rasgo siempre la
velocidad de lo casual
la latencia de lo planeado
y me encuentro
con los escritos de ayer,
ininteligibles hoy,
casualidad planeada
o
planeación casual,
final que colapsa tras el recuerdo…
II
Indago en cada espejo
la mirada que fue mía
¿Ayax, Héctor o Aquiles?
¿quién fui yo?
¿Atila, Gengis Kahn?
¿Ahuízotl o Pakal?
Reproduzco las grecas
de mi profecía,
esa que deletreo
en mis cuadernos
de cuando aprendía
las letras,
las que ahora
llenan mis vacíos
con milagrosa tinta verde.
Las reproduzco,
trazo a trazo,
y entiendo que en lugar de vivir,
recuerdo,
cumplo en aproximado trance,
al pie de la letra,
lo que de niño dije de mí.
2 Comentarios »
Fuente lúnica,
que te partes en dos,
en una cresta,
penacho imperial
de lo irrepetible,
repetidamente única,
bailas sonora.
Lámpara de mil gotas
pequeñas joyas de luz
pequeñas lunas translúcidas.
Recuerdas unos ojos de madera,
un olor a tierna paz
un rostro de inteligente color
broncíneo y rosado,
como el anhelo pretérito
como una nube pintada de sol
en el atardecer precoz
de la memoria.
Fluyes igual que su presencia
tan igual a la tuya,
tan distinta ella de la mía.
En cada instante
te formas y desapareces,
volviéndote a recrear
incansablemente.
Me haces entender
que mía no serás,
la inasible autoridad
de tu metamorfosis,
de mi mansa esperanza muerte.
Lo manifiesta tu musical correr
tu melodioso cuerpo
de cambio perpetuo,
de efímero ser.
¿Tocaré acaso tu rostro de mil rostros?
¿a cuál de ellos besaré?
¿cómo tomar tu mano de mil carpos suaves?
¿cómo acariciar tu cuerpo de mil formas?
Cada segundo te acerca
y te aleja
te lleva de mí
y me permite verte
contemplar tu líquida materia
luminoso espejismo de vida.
Un suspiro tuyo
lleva mil estrellas retratadas
en el hueco de la exhalación,
huye fragoroso
ante la posibilidad
de verse prisionero de mi recuerdo.
¿Dónde encontrarte
si eres vuelo y aire,
agua en movimiento?
No puedo contenerte
por ser piedra ajena
a tu cauce,
a tu rodete,
a tu aljibe deslavado.
Soy piedra del campo,
ni tan agreste, ni tan santo,
piedra de río,
mas tu lecho me niega,
me rechaza,
me prohíbe la entrada
a la orilla siquiera.
Fuente de luz
y de tiniebla.
1 Comentario »
|
Las palabras vacían
su contenido
como colmillos
de cascabel
en la mordida,
última defensa
del benigno ser
que repta la casualidad
de la vida.
No es emergencia fortuita
que no encuentre norte
ni estrella guía,
es consuetudinario proceder
mi errado navegar,
de tiburón senil,
que surca la oquedad,
sin encontrar
tu mar.
Templadas aguas me rodean
azules, verdes, renegridas,
silencio informe,
agua salina,
extensión vacía
de tus colores,
tinta transparente,
sin rubores.
En ella se sumerge
mi deseo, mi anhelo,
y siento los filosos
colmillos despiadados,
de las pirañas siniestras,
encarnación punzante
de mis culpas,
pagadas a fuerza
de mandíbulas furiosas,
siento el ardor
de mis errores,
tan pretéritos
como los dioses del agua.
|
|
Es entonces que las palabras
brotan como gotas de savia,
lágrimas de reptil alado,
que mata mis ideas
con su sangre fría,
con su escamoso semblante,
brotan hasta hacerse
un charco de intención
redentora en el desierto
donde repta mi angustia.
Es cuando mi respirar
persigue tu nombre
en todo rastro del viento,
alzando la cabeza
a la bóveda negra
que es mi casa,
tu nombre grabado en las estrellas,
en la vía de neutle,
y no de leche,
grabado con púas de maguey,
acerada certidumbre
de mi orfandad de ti.
Y no lo encuentra,
se pierde en las carcajadas
que el gran cosmos
formalizado en destellos,
en flamígeros puntos
que relucen burlones
su lejanía de mis huesos,
de mis huellas,
se pierde y no encuentra tu nombre,
sólo da cuenta de mis
palabras vacías,
ya sin veneno
después de la mordida. |
No Hay Comentarios »
Uno come ilusiones
las mastica,
las tritura.
A veces,
las rebana en julianas
delgadísimas,
y se corta un dedo,
sangra.
Luego retoña
una colección
de ellos,
de ellas,
de nuevas
y jugosas
ilusiones.
Uno las hierve,
las pulveriza,
las hace harina,
se coagulan,
se cuajan,
como gelatina.
Les ponemos frutas,
mango, fresa, uva,
revueltas
con sal.
Comemos ilusiones
con limón,
con chile jalapeño,
con chile de árbol,
con maíz tostado,
con nixtamal,
con el corazón
hecho palomitas.
Las ilusiones
no nos dejan en paz,
ni nosotros a ellas.
Hoy tuve una ilusión de huacamole,
fruta y chile verde, de mamey,
ilusión empantanada,
licuada, martajada.
Hoy la tuve, y me desilusioné
de sus verdes ojos,
de su clara piel,
de su moreno ser;
Hoy la tuve y me desilusioné.
Hoy, esa ilusión invitó a otra,
trocada en agua de avena,
en carne de siervo coronado,
en pimienta negra,
ajo y granos de trigo,
abundante carne, delirio.
No comí nada porque estoy a dieta,
de ilusiones:
pura fibra y leche búlgara.
Enero-Abril- 2010
No Hay Comentarios »
No son las campanas
la primera impresión
de lo solmene,
sino tu voz,
garganta aprisionada
oloroso alarido a hierba fresca.
Tu voz cavando tumbas,
brechas, trincheras,
en las horas epidérmicas
del bravo valor y del suave reposo,
del subido dolor y del encendido beso.
Tu voz sin tentación ni prisa,
más allá de aquellas
del deseo permanente del encuentro,
de la recóndita cita,
de la unión marchita.
Tu voz de bronce y plata,
tu voz de acero y seda.
Es tu voz solemne,
canto metálico de orden creciente. |
Es tu voz columna fuerte
un rayo decidido,
y ciertas veces,
una mariposa indecisa,
es tu voz, arena movediza,
También es solemne música,
canto de alientos y de cuerdas,
grito ancestral de las cavernas,
intemporal percusión,
oración sacra escrita en los glaciares,
melódicamente rescatada
en tus cuerdas bucales.
Y tu palabra, motivo de mi historia,
me acerca al infinito de tu vientre,
al eterno reflejar de mis miradas,
en tus ojos, en tu frente.
Es tu voz, creación inasible,
de la totalidad del tiempo.
De tu renovada vida,
cántame pronto,
háblame en lengua viva,
dímelo con un canto fuerte,
procedente de tu tierra prometida,
… háblame en canto cardenche. |
3 Comentarios »
¿Dónde encontraré tus ojos de paraíso?
¿Dónde tu presencia de trazo impecable?
¿Dónde tu exterior hechizo?
¿Dónde tu sonrisa de existencia amable?
¿Dónde tus manos de cielo?
¿Dónde tu rostro bendito?
¿Dónde mi interior consuelo?
¿Dónde mi gozo infinito?
…. en tu voz, en tu pelo, en tu celeste cortijo.
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