Aprendí a no atenderte
Aprendí a no escucharme
Acercarme a tu cuerpo creciente y blanco
Resignado a la entrega
Indiferente y dócil
Disfrutando la inercia
El pasivo disfrute
de una caricia ruda
Turbulenta
Pero experta en el arte
de tomar sin entrega
Archivo de la Categoría Artemio RíosAprendí a no atenderte
Aprendí a no escucharme Acercarme a tu cuerpo creciente y blanco Resignado a la entrega Indiferente y dócil Disfrutando la inercia El pasivo disfrute de una caricia ruda Turbulenta Pero experta en el arte de tomar sin entrega Y tampoco después Hablamos de nosotros Vigilaba en secreto su furia contenida grito al vacío Preámbulo de un amor agonizante Finalmente el tiempo carece de importancia No existía la palabra Nunca antes Durante O después Lo que hubo fue presencia Única forma de ahuyentar los fantasmas Los suyos Los que tengo Los que rodean y oprimen este placer furtivo Enredado y confuso
Dicha no es la vida Ni la muerte desdicha Una desgracia, no Tampoco incertidumbre Vida: pequeña muerte cotidiana todos los días como tenue resaca del doméstico amor.
Puedo enloquecer de amor Amor por ti… Sin que te importe
Puedes enloquecer de amor Amor por mí… Sin que me importe
Podemos alucinar de odio Mutuo rencor sereno Sin que a nadie le conste
A veces me amenaza el porvenir Un futuro terrible de esperanza A veces tengo miedo de llegar a quererte amarte para siempre Pero no ahora Por la buena fortuna Hoy sólo te deseo
Ligeramente sádico Discreto Pervertido Sudado e inocente La humedad en los ojos Nostálgico Confuso Adolorido Salgo de ti
Me instalaba en la sombra de tu cuerpo Fuera del margen hiperactivo, visible de tu marcha Burlón y melancólico Condescendiente y tibio
Afirmándolo todo a contrapunto En paz Evadiendo tu roce Domésticamente
Amo mi cuerpo y tanto como al tuyo No deseo que pierdan su posibilidad de ser carne tacto contacto piel
Amo mi espíritu y tanto como a ti mi alma dolorida no quiere no desea verme envilecido rebajado yerto
Por eso este periplo sin regreso —vicioso círculo entre el cuerpo y la nada— no importa conciliar: yo, conmigo, tu y yo, en fin, somos nosotros Que jalen los extremos sin descanso hasta que estalle la unidad que nos contiene |
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