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De: Leon i.

Lo sé, lo sé, quisiera tomarte más y más


tomarte así siempre caliente,


hirviendo, calor de calidez y aroma de erotismo


con cuerpo y fragancia, de sabor y esquisitex,


quisiera lo sé, lo sé,


quisiera no dejar de tener en mi boca tu calor


y en mi mente el aromático placer,


quisiera ser sin mutismo el de ayer el de hoy de siempre el mismo,


que  disfruta, siente y vence, que no soporta la ansiedad de esa calentura


ni abandona la receta de soltura que se desprende con el hervor de la

pasión entre las aguas que en gota y gotera


van cayendo a la cafetera,


lo sé, lo sé,


quiero de tus oficios, otro rico café, huohuoo lo disfrutareeee…

no lo dejaré nunca jamás, lo sé.


Leon i.


De: Daniel de Cullá

Soy de Sevilla

Y me he amancebado

Estoy gordo como un obispo con anillo

Soy un burro pandero

De los de dios y el diablo

Consagrado a hacer vida

Espiritual y contemplativa

O a tratar sobre ella

De cualquier forma

Sobre todo

La comunicación

Inmediata y directa

Con la divinidad abierta de piernas

O el éxtasis

No hecho casual

E impremeditadamente.

Tengo hacienda en Cantillana y Brenes

Y unos sobrinos

¡No digáis nada¡

Que son “hijos de cura”

Ese que trae fantasmas por el día

Y por la noche

Para causar miedo a los niños

En libamiento de exvotos

O eróticos relicarios

Que se liban en sacrificios

Para fines de amores sucios.

Antes

Fui paje del rey don Pedro de Castilla

“el Cruel”, “el Justiciero”

Ese que pretendió  el amor

De una doncella principal

Y desposada

Y que venía a verla de noche

Hecho un fantasma

La moza, cuando sale

Siempre va

Con un cántaro de agua en la cabeza

Y su mozo, el desposado

Con una losa a cuestas

Porque es enterrador

Y conduce a lomo piedras

O cosas semejantes

Y a casa, tarde o nunca llega.

Sabes: se toparon al amanecer

Ella y el rey

Un día de mayo

Que por eso ella canta:

“Días de mayo

Días de desventura

Aun no es mañana

Y ya es noche oscura”

O “Bien se está

San pedro en Roma”

Cuando follan

O “Ya es duro, o viejo Pedro,

Para cabrero”

Y Ja ja ja

Dicen

Que lo dijo la gente del rey:

“Disfrazado viene el rey villano”

Que echándose un día

Al desposado y parlando

Le hizo ver a su amada

En sabor, y color, y olor

Cuando le dijo:

-Dios te la deparó  buena.

Hermano.

Y de esos caldos del Amor

Dale hartos.


-Daniel de Cullá

De: Daniel de Cullá

“Todos somos hijos de cura o de militar!

-Picarico de España

Yo no sé  si sí o si no soy hijo de cura

Pero que lo soy de militar, lo dice mi madre

Que reía de los pequeños poemas de cerilla

Que le entregaba el “señor cura” cuando iba a confesar

Y cuyo follar se había convertido

En comidilla de la gente que cantaba:

Cura, curita

Que de Avila vienes

A calderilla de iglesia

Me güeles

Y que dicen que llevaba una caja de condones

En el hostiario del Viático

Pues un día se equivocó  sin querer queriendo

Dándole un condón como sacramento

A una bella dama en peligro de muerte que era de Granada

Y a quien se le iluminó  intensamente el rostro

Mientras al cura se le elevó  algo místico de repente

Detrás de la sotana a la altura del mear

Y que salía cantando:

Andome en la villa

Fiestas patronales

Con mi eucaristía

De cazar pardales

No perdiéndose  fiesta patronal alguna

Que por eso los beatos y beatas de la plebe decían:

-“Es un buen cura sin embargo”

Y así le quedó de mote a este villano

Que daba las hostias de la coacción y el engaño

Con el aroma de ese abismo

Que sólo las almas fugitivas  y salidas percibían

Las mujeres y las chicas sintiendo en su labiado nido

Como una mariposa leve libando su rocío.

Daniel de Cullá

De: Daniel Cullá*


Y una bella definición

El Paracleto

Consolador de fieles

A la par, al par.

En paradeta

El cazador a espera.

Fachenda al caz.

Presa de río

Ora carne en el papo

Y mucha pluma.

En gallinero

Doncella de paraje

Para en loco.

Paraselene

En mascarón de proa

Devana el hilo.

Oro en polvo:

Ayer puta, hoy comadre.

A esta hora.


Bella definición:

“ Oración. Súplica o deprecación dirigida a las potencias extraterrenas (*), que entre los cristianos , sólo son dios, la virgen y los santos, y en otras sectas y religiones, diversas entidades tenidas  por divinas”. – Calleja. Diccionario manual Enciclopédico ilustrado de la Lengua Castellana. Madrid 1918

(*) En 1918 es la 1ª  vez que leemos sobre lo extraterreno, extraterrestre.

Ficha Técnica:
Nombre: Daniel de Cullá
Año de nacimiento: 1955 de origen castellano aragonés
Correspondencia: Apartado 3039- 09080 Burgos (Spain)
Correo electrónico: gallotricolor@yahoo.com.

Teléfono: 947-288823

*Daniel de Cullá, de origen castellano aragonés. Poeta, escritor, pintor y fotógrafo, miembro fundador de la revista literaria Gallo Tricolor. Es miembro de la Asociación Colegial de Escritores de España. En la actualidad participa en espectáculos que funden poesía, música y teatro. Dirige la revista de Arte y Cultura ROBESPIERRE, moviéndose entre Burgos, Madrid y North Hollywood (USA).

Ha realizado performances en Burgos, Madrid, Alemania, Bruselas y Suiza. Los últimos recientes en 2008 en Alemania: Hannover, Minden, Bielefield; Bélgica: Bruselas, St. Niklaas. “COEVOLUCION Y EL VIEJO TREN” .


De: Julio César Suárez C.

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Aquella chica sentada, esa,

la que no veo ni conozco,

esa que pronuncian los libros

y los pájaros y el mar y los árboles

aquella dulce flor indevastable;

ella, es mis ganas y mi vacío.


La mujer que no tengo me motiva,

aquel su fantasma híbrido de carnes,

de rostros y costillas, ella me encanta

la mujer que no tengo y no llega,

no ha venido, la espero, se niega

a mostrar sus hombros lisos, su boca,

sus labios que están en mi falta de besos,

sus manos que faltan en mi confianza,

su cabeza que no está en mi espalda

recostada en mi columna o en mi tiempo

que he guardado para ambos, en nosotros.


La mujer que no tengo

se pasea en mis jardines

de parpados cerrados, va desnuda,

girando, pisándome las tardes,

cegándome con un sol en su ombligo,

juntándome las dudas entre sus pechos,

sus pezones limpios, que me hablan

de ella, de lo que seríamos a oscuras

si ellos existieran quemándose en mi boca.


Ella, polvo de nada, mujer sin huesos,

ella esta hecha de puras mitos alucinantes,

de humo y pieles quemadas, palabras,

noches y lunas mordisqueadas por mis dientes,

por mi corazón rabioso que aniquila estatuas,

títeres de cabellos largos y velas de su hueco y mi hueco.


Que dolor abrir los ojos

llenos de esperanza y los brazos, cansados,

para ver que no está, que no ha llegado,

que la silla sigue esperando, seca y flaca,

y yo la miro y ella nada, no habla,

ni de ella, ni de mi, mucho menos de ambos,


ay corazón sincero, dime,

la mujer que no tengo,

arde con su luz que no me alumbra

grita con sus silencios que si escucho,

me ahoga con mi sed y mi piel que la necesitan.


La mujer que no tengo,

me parte la vida frágil

con su petardo fluorescente,

y me deja solo y se desvanece,

y quedo yo y su rastro, mirando,

solo,

buscándonos en sus pedazos.

Julio César Suárez C.

De: Julio César Suárez C.

Creo que estoy loco, un poco,

ligeramente confundido.

Desde hace algunas noches,

justo antes de dormir

siento una profunda pasión

por pronunciar letras,

leer de noche me encanta,

y perdón la indiscreción pero

pronunciar palabras a esas horas, me excita.

Siempre tengo la pendeja esperanza

de que al terminar la oración, el punto final

salte como un lunar que salpica en mis labios

y después que volteo hacia atrás, me de cuenta

que la estructura de palabras era entonces, la firme costilla

de alguna mujer amada, durmiendo con sus paginas abiertas.

Se que suena tonto,

pero van ya varios libros,

punto tras punto, letra por letra,

llorando, negando soledades,

saboreando brazos, cuellos, pies, lunares,

leyendo hasta la punta de las madrugadas

esperando a que de pronto

una mujer de hueso y no de letras,

se levante del polvo, entre las paginas, los libros,

camine descalza hasta la puerta, ponga seguro,

apague la luz y se me eche encima

sin comas o signos de interrogación

y allá en la cama, justo donde guardo su espacio,

pongamos entre comillas nuestros nombres,

y nos perdamos en el prólogo de sus ojos

y descifremos juntos esa metáfora gemela de sus pechos,

pronunciemos el acento-desnudo prodigio de su ombligo

probemos la sedienta sangría de afuera de sus labios

y aceptemos la epígrafe de dios, que nos quema, allí,

en el paréntesis exacto de sus piernas, mudos,

leyéndonos la carne, punto tras punto,

letra por letra, llorando, negando soledades.

Se que suena tonto pero

hermanos, sinceramente

apoco no les ha pasado a ustedes,

y no hace falta ser cursis,

¿apoco nunca se han comido un v?

pensando que era un pubis.

Julio César Suárez C.

De: Julio César Suárez C.


Es curioso como el amor,
tiene un sol, tres parques,
mil palabras, una luna que no esta lejos,
un sillón para verla o a veces una cama;

dos brazos, un simulacro,
un pospretérito inventado,
una hoja para deletrear “te quieros”
una servilleta para escribir lágrimas,
una promesa de beso
y unos labios que besan
a tiempo o a destiempo.

Es curioso, ridículo,
también tiene plumas de águila
nubes para volar sin miedos
-si está de buenas, entre sabanas.

tiene una canción que raja el oído,
una punta que perfora el pecho,
memoria no, recuerdos;
un gusano optimista,
un pubis preciso,

dos manzanas por si una no basta,
Platón para los enamorados,
Shakespeare para destrozarnos,
ellas para ellos o viceversa,
vestidos, corbatas, pantaletas,

tierra y lodo para ser claros,
carne para las manos…

y como si no bastara,

una piedra-flor de sangre
que retumba, gira, prende fuego
y te parte.


Julio César Suárez C.

De: Julio César Suárez C.

Pareciera que no,

pero esa historia que habla nosotros

es una vela sola que arde con rabia,

un pedazo de luna entre escombros,

una llaga constante de nuestra bestia,

esa bestia impetuosa que llaman vida.

Mirarte de nuevo

después de un mes

un año o dos, basta

para cuestionar mis ojos,

para juntar las dudas,

nuestras aves, los caminos,

nuestra ceniza que sigue ahí,

de boca abierta, mirándonos,

preguntando

¡Qué nos pasa!

¡Dónde, dónde quedamos, porqué!

¡Quien nos dio permiso de privarnos,

de arrancarnos del pecho y de las manos!

Pareciera que no pero

estar contigo me inquieta,

te miro intranquilo, te escucho

y las ganas se me queman

a gotas, a gotas tuyas y mías,

a gotas que fuimos amor -te acuerdas…

y mis brazos amanecían en tu espalda

y tu cabello oscuro en mis ojos negros

y tu boca fresca en mi cuello fresco,

y tu muslo suave en mi ombligo hueco,

ay mujer, que gloria de días,

que telaraña tan dulce de recuerdos

que mar de momentos contigo

que bella tu espuma haciendo tanto ruido

eferveciendo memorias, pariendo mitos.

Verdad que también recuerdas,

verdad que si, dime que si,

que no olvidas como nuestros cuerpos,

solos, se llenaban, se desgastaban tercos

en la fricción roja de sus campos

y quedaban sepultados por la noche

y sus estrellas se encajaban en tus lunares

y el silencio nos unía el sexo en paz,

nos regalaba tiempo, carne, humedad

y a veces la luz te tocaba

y yo también te tocaba,

y el aire en tu respiración se desplomaba

y yo en tus labios también me desplomaba

Me gustaría estar allí de nuevo,

mirando por ese ventanal tranquilo,

de luz en sabana, de mañana sin trampas,

de almohadas sinceras, de café temprano,

de gracias, de sed, de agua, de sonidos descalzos.

Me gustaría estar de nuevo allí

donde se abre mi cuerpo

y la verdad se desabrocha

simple con un botón, cae

limpia con una lágrima

Pareciera que no pero

me gustaría estar de nuevo allí

en ese espacio desnudo,

de fuego vivo y tranquilo,

lleno de nosotros, lleno de ambos,

pareciera que no pero

me gustaría corazón

o mejor dicho…

lo extraño.

Julio César Suárez C.

De: Julio César Suárez C.

Poco a poco me doy cuenta…
una vez que el corazón abre los ojos,
es inútil intentar cerrarlos.
Bajar los párpados pesados
ya no es una opción, duelen.

Ya no hay nubes -hay silencios,
no hay rostros -hay espejos,
tampoco hay flores ni utopías,
se las tragaron los muertos,
no hay manos -hay zopilotes,
no hay corazones -hay cuevas,
hay hombres y también gusanos,
quimeras llameantes, sueños-mariposa,
cuerpos de lodo y otros que estorban,
ya no hay noches -hay nostalgias,
no hay recuerdos -hay polvo,
lasca punzante en la frente mestiza,
plumas pesadas, jaguares locos,
piedras tristes, viejos sin trono,
dioses mudos de roca gastada,
días duros pisando espaldas,
hay Méxicos de oro, Méxicos de plata,
de barro, de rabia, de lágrima, de risa,
de sueños, de nada, nada.

La tierra, esta, mi tierra
que a ratos me parece ajena
me dice no olvides, perdona,
camina sobre esos escombros que cortan,
canta aunque el aire sea pesado y filoso,
abre tus manos en la lluvia, piensa, duda…

¿A dónde vamos hermanos, a dónde caemos,
dónde está el abrazo de nuestra república ganada?
¿Donde quedó nuestra madre, el origen, los pasos,
el sol, la Coatlicue, heredó lunares,
o nacimos de entre España y la Malinche?

Ya lo sé, lo sabemos,
la serpiente se nos cayó del cielo,
y tontos, escondimos las plumas,
¡cuánto tiempo falta, cuánto!

Aceptemos,
somos alebrijes de un sol cruzado,
estamos en medio, en la delgada cuerda,
somos el rió que raja la tierra, agua de nadie,
somos los hijos de la doble-sangre.

De qué sirve gritar con poesía
y cagar más las paredes negras
de nuestros pedazos de mundo.
De qué sirve escupirnos las madres
y llorar navajas en los hombros de nuestros hermanos.

Si el hombre descubre el sol,
debería aventarse al corazón,
buscar los pájaros híbridos,
las flores para los nuevos hijos
debería entregar su pecho sin miedo.

Dejen de tirar piedras, cobardes,
la puta espina es de todos.
Si miran el sol que alumbra
y van apuntar con el dedo,
guarden silencio,
llorar no sirve,
sus lágrimas
solo apagan
la luz del fuego…

hermanos, comprendan:
en nuestra patria, sobran águilas rotas,
hacen falta velas, luciérnagas rabiosas.

Julio César Suárez C.

De Rómulo Pardo Urías



Quiero que seas mi último amor

así como el primero pero el último

así como el segundo pero el último

así como el tercero y el quinto

pero quiero que seas mi último

pedazo de almohada sobre la faz de la tierra

para soñar y cantarte

para esperarte

para desearte toda la vida

todos los días que tengamos por delante.


Quiero que seas mi último amor

como el primero pero el último

como el sonido, como el silencio,

como el estruendo del mar,

como tu nombre de luna llena

como tu ombligo de estrella

pero que seas mi último amor

quiero que seas

nada más para que seas como ninguno otro

amor haya tenido sobre la faz de la cama

y que seas la almohada donde imagine

sentir la calma, frenar la astucia, poner distancia

a la pesadilla, dislocando de ternura

el embalaje soberbio de mis angustias.


Quiero que seas mi último amor

para olvidarme que ame antes de ti

contigo sin ti buscándote extraño

por los pasajes sombríos

de infinitas guerras pasionales

y nostalgias enfermizas

y que sin ti ni hubo filo de tiempo

ni daga o cuchillo

que fuera certeza de vida

pulsión instintiva

fuerza, acción y contracción inesperada

o parto prematuro o aborto seguro

o baladas compuestas y neuróticas fiestas

con chochos psiquiátricos y ácidos cruentos

y viajes orientales sin geishas

y templos ancestrales de impulso mortuorio

y fin de orquesta y cariños fríos y exigencias feas.


Quiero que seas mi último amor

porque si hay uno primero

yo quiero que seas el último

para olvidarme que ame antes de conocerte

y que al amarte olvido cuanto antes haya amado

porque sin ti no habría sido posible

cantarle al venado su canto de cuna

ni ver en el cielo la luz entibiada

del sol en tu nombre de luna

llena de mieles insospechadas

y no de caricias amargas

llena de aliento y de alegría

y no de falsa palabrería

llena tiempos, llena de espacios

de cuales todos yo quiero optar

por ser contigo el último tiempo

el último espacio donde perdure

el dulce golpe de besos ciertos

de besos vivos

de besos nacientes

de besos poblados

de besos golosos

de besos soñados

de besos de colores

como mariposas en el vientre

como chocolates derretidos

como llanto compartido

como este silencio vivo

que todos los días me dice

quiero que ella sea tú último abrigo.

.

Rómulo Pardo Urías