Joaquim Vea Baro

(Barcelona, España, 1958)

Psicólogo estudioso de la conducta humana y sus implicaciones etológicas, particularmente en ciertas especies de primates no humanos. Además de poeta.

Pensé, como al amanecer en sueño lánguido
hasta las estrellas futuras,
deseando perdidamente
descender
hasta el fondo del amor
como cuando con tal vehemencia el viento
venia del mar y sus sones
rompían
el silencio de la noche.
Y espero llegar a donde habite el olvido
donde el deseo no exista
donde penas y dichas no sean más que nombres,
cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo
donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
disuelto en niebla, ausencia
allá, allá lejos,
donde habite el olvido.

Habrá flores que te recuerden, palabras, cielos
olor, piel, instantes,
lluvias como ahora, y vivirás sin ello
habiendo sucedido.
Tu piel era mi gente, mis amigos, mis vecinos.
Duerme, libre del pasado,
todo el orgullo de la tristeza.

Tu cuerpo y el lazo de seda que conduce
a las plantaciones de la costa
y las palmeras,
al sudor de tu cabellera quemada por las nubes,
a los instantes inolvidables
tantas mutaciones de días grises
tantos homenajes a una belleza salvaje
que exigen el desorden.
Todas las rampas de una vida cambiante
la velocidad del amor
el mágico filtro del abandono
la hambrienta luz del desconcierto en nuestras voces
y el solitario frenesí de las palmeras
cuando en la ausencia
creciendo hacia mi pecho
el fondo de la tierra me devuelve de golpe
todas nuestras caricias.
El nudo furioso de la pasión
en los negros pasos del tiempo
aquellos días de desamparo, cerveza y lluvias
luz de senos en el mar
y sus gaviotas y sus músicas
de desunión con grandes lunas fascinantes
sin mas praderas que tus ojos.
Pais incorruptible, estático
país narcótico, inaceptable
con risas de alcohol en el viento
y tu pelo sobre mi cara