Manuel Martínez Morales

(Torreón, Coahuila; 1950)

Matemático investigador de la Universidad Veracruzana, trabajador intelectual conciente de la necesidad de la socialización del conocimiento y el arte, además de irreparable adicto a la poesía.


Perderme otra vez

en la música del número

en la suave curva

del número cinco

inmerso en el misterio

de las fórmulas diofantínas.

 

Otra vez

despierto al mundo

de signos y proposiciones,

despierto al brillo reluciente

del cosmos lógico.

 

No pregunten por mí

digan que me extravié

en el melancólico blues

del algoritmo intrascendente

en pos de alguna verdad

por humilde que fuese.

 

¡Ah! ese blues interminable…

Esta suave tristeza

bajando de la nube decimal.

 

Y en el fondo

el estremecedor axioma

que, absurdamente,

pretende dar sustento al mundo.

 

Manuel Martínez

2008-09-12

11:30

 

 

 

 

Vengo a verter
aquí,
en este espacio
tan triste
como un cerro
sin tormentas,
mis números.

Vine a tender
aquí,
en este plano
blanquecino,
la letra muda
de la canción
que me parió
en la entraña abstracta
de un cometa.

Aquí
con el sudor
de mi alquimia,
en signos inocentes
ebrio de tarde
borracho de andar,
vengo a tirar
la suerte
en el calor de la tinta.

He ido
y he venido
buscando el son
que acompañe
mi canción siniestra
con la rima
del vuelo
de los halcones de caza.

Sólo me asusta
la noche,
de lo inombrable
he salido ileso
más amante
que amado,
descifrando con lujuria
las ecuaciones
de la luna decimal.

Aquí
con fórmulas
color de miel
exhibiré
el secreto
del átomo primordial
contemplando sin ver
los vaivenes
del poema negro.

Sin quererlo
sin voluntad alguna
en la cuadrícula del mal
dibujaré
al revés
la flor de la esperanza.

Aquí,
en esta patria
menos grande
que un caballo,
verteré la sombra
para ahogar la risa,
hundiré la palabra
en la blancura ardiente
para atrapar un amor
más pequeño
que una hormiga.

Abrazaré
la tinta infame
escurriendo
de la huella incandescendente
de un cometa.
Escribiré con ella
algunas cosas
en las que nunca
he pensado.

Sólo digo
que lo haré…

Cuando
las parvadas de loros
no lleguen màs
al árbol de mi calle
será la hora
de pintar con cal
los muros de tinta.

Si las parvadas de loros
fuesen capturadas
por la garra siniestra
sería la hora
de confiscar
las màscaras
y esparcir el ántrax
por las praderas de California.

Cuando las parvadas de loros
no me recuerden tu nombre
y enmudezcan
en las orillas del tròpico
será el tiempo
de abordar los trenes
con pensamientos lúgubres.

Cuando las parvadas de loros
dejen de provocar mi tristeza
por la escasez de tiempo
y no me sacuda más
el ruido de sus verdes cascabeles
será el momento
de dejar los zapatos
al pie de la escalera
e ir en busca
de las alas prometidas…

El dìa que esas parvadas
de loros
alegres como la primavera
dejen de incrustar
su escándalo
en mi cielo vespertino
se anulará el deseo
tejido en mis camisas rotas.