Manuel Martínez Morales

(Torreón, Coahuila; 1950)

Matemático investigador de la Universidad Veracruzana, trabajador intelectual conciente de la necesidad de la socialización del conocimiento y el arte, además de irreparable adicto a la poesía.

Hoy quedaron tapiados tus oídos,

tus ojos también,

tu lengua: condenada a la inmovilidad.

.

Tu olfato: arrinconado.

.

Tu tacto no tendrá más oportunidades.

.

Todo esto permanece entre lo que

tal vez quedará de ti:

una imagen borrandose, cada día más y más

un recuerdo entre otros recuerdos

tu voz no se escuchará más en las reuniones

Extrañaremos tus aseveraciones

llenas —repletas— de todo tú.

.

No digo: tu palabra

ni tus enseñanzas

ni tu ejemplo

ni tu comunicación

ni tu compromiso

.

Todo golpeó hoy

extinguiéndose como una onda,

que llega cada segundo, cada día

más lejos.

.

Tu cuerpo destrozado

quedará a la intemperie.

.

Aún los materialista

sentiremos un estremecimiento

por tu cuerpo,

y por lo que dejas.

.

Manuel Martínez Morales

Manuel Martínez Morales

Mientras esperaba

frente a mi puerta

a ver pasar el cadáver del imperialismo

(el papel de Job no cuadra con el de revolucionario)

otros cadáveres pasaron ante mí:

el de un hombre destrozado

en medio de la carretera

el cráneo  aplastado

y  sobre el vientre descubierto

unas cuantas monedas

y una botellita de aguardiente

-vacía.

¿cuáles serían los últimos sueños de este hombre

cifrados en esas mugrientas monedas

y la botella de licor?

Otro, el cuerpo de un hombre

pendiendo de una cuerda,

vivía solo

no tenía a nadie

decía la nota;

el diagnóstico, fatal,

sólo unos cuantos meses de vida

no quería afrontarlos

en soledad.

En tanto en todo esto cavilaba

una mujer

de manos pequeñas

y un humilde corazón

me dijo: no temas

ven conmigo,

mientras tomaba mis manos

con sus pequeñas manos

y me abría su generoso corazón.

Me levanté y fui

(el cadáver del imperialismo  no se avistaba aún)

con la mujer

de manos pequeñas

y un inmenso corazón.

Tantos muertos

en los paraísos artificiales,

de la droga y la borrachera,

o en la desesperación

de una vida cancelada,

mientras otros

esperamos

frente a la puerta

a ver pasar el cadáver del imperialismo.

Seguí  tras la mujer

de manos pequeñas

y un hermoso corazón,

esa mujer

de manos hermosas

y un valiente corazón

abrió mis ojos

sin hablar

haciéndome mirar

en el profundo abismo

de mi doliente conciencia,

con sus pequeñas manos

tomó mi corazón

(en tanto yo seguía esperando ver pasar el cadáver del imperialismo)

y lo hizo suyo,

afirmando, preguntó:

“¿no ves que estamos enfermos de conciencia?”

Mientras tanto, otros cadáveres

miles, millones,

aplastados por el monstruo imperialista

desfilaban ante nosotros.

La mujer

de manos pequeñas

y un amoroso corazón

me levantó, me hizo andar

y  yo, demente ya, aún alentaba la esperanza

de ver pasar el cadáver del imperialismo.

Dic. 2010

Manuel Martínez Morales – sábado, noviembre 27, 2010


Opinión

Literaturas enteras,

escritas en selectas expresiones,

serán investigadas para encontrar indicios

de que también vivieron rebeldes donde había opresión.

Bertolt Brecht, en La literatura será sometida a investigación

En las últimas semanas se ha manifestado una gran inquietud entre los poetas locales pues, según se rumora, la burocracia cultural –la que maneja y distribuye el billete– ha declarado que todo acto poético debe ser investigado, evaluado y clasificado según su grado de peligrosidad o inutilidad. Los Señores Secretarios sospechan que los poetas han vivido de engañar a la sociedad, haciéndose pasar por los portadores del arte de la palabra y, por tanto, benefactores de la humanidad.

http://www.jornadaveracruz.com.mx/Noticia.aspx?ID=101127_070125_559

CARNALES

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 Un tropel de caballos plateados

fluye por mi sangre

¿serán los años?

el sonido de sus  cascos

el recuerdo

la voz de mis hermanos

que acompaña mi silencio

¿quién es quién?

 

La estampida continúa

caballos veloces

decididos

a no llegar

a parte alguna.

 

Son hermosos

 

Me quedo atrás

contemplándolos

en silencio.

 

M M M.

7 de Enero del 2010



 

                Para Mina, sirena de mis mares.

 

No era el mar

pero sabíamos a mar

olíamos a mar

sentíamos el mar.

 

El suave ritmo de las olas

la brisa salina

el sol cayendo en nuestra espalda

cuerpos empeñados

en el vaivén marino.

 

Quédate —dije—

mientras buceaba en tus profundidades

y tú

tú humedecías mi boca

con el sabor de las algas marinas.

 

¡Ah! no era el mar

pero sabíamos a mar

olíamos a mar…

 

Los hipocampos flotaban

lánguidos

tras la incontenible arremetida

del oleaje imaginario

(torrente de sal).

 

Quédate conmigo

hagamos el amor

antes que el tsunami nos arrastre.

 

5⁄12⁄09

Manuel Martínez Morales

De: Manuel Martínez Morales

Hice amistad

con un gato

enamorado de tí,

clandestinamente,

como yo.


Cegados por la luz

de las máquinas nocturnas

buscamos refugio en el amor

que amable nos prodigas

bajo la incierta ley

de un cielo perspicaz.


¡Ay de nuestros afanes!

 

Ese gato negro

y yo

unidos estaremos

por nudos tan fuertes

que tu amor hubo de atar.


Le pedí

que me aguardara

para ser mi compañía

en el camino al Mictlán.


Su espíritu felino

me abriga

protector.


Amigo leal

por siempre

de almas vagabundas

como la que hoy

entrego a tí

sin condición ni remilgo,

sin un suspiro

¡Ay!

que lo atestigüe.


No temas por nosotros

amor mío

por siempre habitaremos

en tu sueño triste

y tu vigilia azul,

en espera paciente

de cualquier caricia

dejada en nuestra piel

como al azar.


No temas por él

o por mí

almas gemelas somos

en tránsito fugaz

hacia la luz ondulatoria

de la luna decimal.


Cuando el te mira

te miro yo

cuando a él hablas

me hablas a mí,

entre los tres tejeremos

la urdimbre del destino

más allá de las estrellas

de brillos de neón,

donde expira

el estremecimiento

de una noche de amor.

¡Miau!

M.M.M.

29/06/09

¡Hey nena,

enciende esa mirada

abre tu radiotelescopio

y dejame enchufarme

para sintonizar

el ritmo musical

de las estrellas.

 

 

 

Manuel Martínez M.

Eres el espejismo

que alivia y engaña,

tus manos señalan

la fuente del oasis

inalcanzable.

 

Por la noche

en el ahogo del desierto frío

tus ojos son

Cástor y Pólux

indicando el camino

inexistente.

 

Tu risa

es el hilo de Ariadna

guiándome por el laberinto

indescifrable.

 

Tu cuerpo es el mapa

del conocimiento completo,

la guía de oro

hacia esa realidad

irresistible.

 

Manuel Martínez M.


Perderme otra vez

en la música del número

en la suave curva

del número cinco

inmerso en el misterio

de las fórmulas diofantínas.

 

Otra vez

despierto al mundo

de signos y proposiciones,

despierto al brillo reluciente

del cosmos lógico.

 

No pregunten por mí

digan que me extravié

en el melancólico blues

del algoritmo intrascendente

en pos de alguna verdad

por humilde que fuese.

 

¡Ah! ese blues interminable…

Esta suave tristeza

bajando de la nube decimal.

 

Y en el fondo

el estremecedor axioma

que, absurdamente,

pretende dar sustento al mundo.

 

Manuel Martínez

2008-09-12

11:30

 

 

 

 

Vengo a verter
aquí,
en este espacio
tan triste
como un cerro
sin tormentas,
mis números.

Vine a tender
aquí,
en este plano
blanquecino,
la letra muda
de la canción
que me parió
en la entraña abstracta
de un cometa.

Aquí
con el sudor
de mi alquimia,
en signos inocentes
ebrio de tarde
borracho de andar,
vengo a tirar
la suerte
en el calor de la tinta.

He ido
y he venido
buscando el son
que acompañe
mi canción siniestra
con la rima
del vuelo
de los halcones de caza.

Sólo me asusta
la noche,
de lo inombrable
he salido ileso
más amante
que amado,
descifrando con lujuria
las ecuaciones
de la luna decimal.

Aquí
con fórmulas
color de miel
exhibiré
el secreto
del átomo primordial
contemplando sin ver
los vaivenes
del poema negro.

Sin quererlo
sin voluntad alguna
en la cuadrícula del mal
dibujaré
al revés
la flor de la esperanza.

Aquí,
en esta patria
menos grande
que un caballo,
verteré la sombra
para ahogar la risa,
hundiré la palabra
en la blancura ardiente
para atrapar un amor
más pequeño
que una hormiga.

Abrazaré
la tinta infame
escurriendo
de la huella incandescendente
de un cometa.
Escribiré con ella
algunas cosas
en las que nunca
he pensado.

Sólo digo
que lo haré…