México es un país de efecto retardado.
Su crecimiento es retardado.
Culpa de ello la tienen los miles de parásitos que lo nombran… y que lo van mermando.
El sometimiento durante estos siglos nos a hecho demasiado daño…
México quiere crecer… pero hay algo que de a poco lo va encerrando y como adormiléra lo va cubriendo de espesos maquiavélicos trabalenguas.
Morelia es más que una mala noche de insomnio…
México es más que un triste septiembre o una revolución minusválida.
Morelia es más que una noche así sumergida en una fuente donde los arcos y la nostalgia curten en las rocas sus cimientos con los años.
…es el sitio donde la luz y las sombras se disputan en las articulaciones los espacios.
…es el lugar donde lo trémulo nace de la sangre y donde morir de angustia no es sensación ajena a los labios que sujetan a las parejas por los resecos callejones con sus coloniales parques.
-Verdad que sabes soñar, purépecha amigo.
-Algo
-¿Y que sueñas?
-El reposo de los años que duerme en las tarascas fuentes pero, guarda silencio por favor que las nubes arman un alboroto como bandada de aves y a mí se me quiebran las lágrimas y el alma.
Los mordaces ojos cual serpientes se esconden tras los matorrales…
Qué puedo decir si estoy encariñado.
Sencillamente encariñado caro a los encañados peces, sencillamente encariñados…
Mi lengua de reptil busca absorber la savia de los sencillos lugares…
Sencillos como las cuentas de los cielos en las palmas de la noche.
Y simplemente sencillo…
Sencillo en una Noche Moreliana.
Deambulando con la mirada de botella, cabeceando en las tarascas suertes que sugieren una mirada ardiente… con una dulzura única pero ardiente…
Y esta viene a calarme porque en el aire aún se respira el hedor de la hemorragia de las heridas que no quieren cerrarse.
Se oye en el silencio de la noche moreliana los desesperados sueños que de tantos pequeños son descarnados…
Y me revuelco en el vómito derecho de no poder hacer nada…
Y soy sencillo…
Sencillo como una tenue luciérnaga ciega y sin bacterias y sin luz… y sin bacterias…
Y me duele el dolor que se disfraza tras las cejas…
Trato de nadar pero mis palabras se desarticulan de tristeza e intento soñar pero mis sueños parece ser que se han quedado sin ilusiones y sin fuerzas… y sin ilusiones y tristes y sin fuerzas…
y la culpa de todo la tienen los casquillos que en el suelo moreliano se confunden con la arena.
Para qué excusarme con mi nostalgia si, sencillamente estoy borracho, somnoliento y borracho y sencillo… pero borracho…
Y descubro que los infelices medios con sus médicos y malditos doctos sabios nos han engañado –murieron más de los que en el suelo encontraron-
Ahora, a falta de paisana busco un juguete nuevo… pero lo bonito de la Noche Moreliana me tiene consternado.
Y es que todos sabían que algo así pasaría pero; nadie hiso caso.
Ahora, las noches allí suelen ser dulces como muslos de mujer enferma del Tábano de la soledad… pero bien amargos…
Amargos como la pólvora que estalló con la hipocresía y la impunidad amarga.
Todo en una noche…
Reviento cada una de las arterias de la esperanza porque el efecto de sanación es retardado y amargo como la pueril y maldita manía de creer en la esperanza de que un inservible dios venga a salvarnos y limpiarnos el alma.
¿Acaso no es Morelia la antigua Valladolid donde se mezcla también con el polvo, el polvo del ombligo de Pavón y de Cárdenas?
Es triste… pero de esto, ya casi todos nos hemos olvidado.
Me jode el triste devenir de los días y la cuenta que llevan los calendarios al decir que todo esto a sido superado.
Me jode… cómo me jode desarticular el amor a México si yo mismo ya no sé si soy mexicano.
-México no es territorio de terroristas; si lo es, en cambio, de un nido repleto de Iscariote´s por todos lados-
Mis palabras y mis puños se revuelven sin embargo con el fango… y no puedo más que escribir y esperar a quienquiera o cuales quieran venir a cruzarme la cara a latigazos por que simplemente no puedo quedarme con los brazos cruzados.
Sabemos pues, que no calan las cenizas del destierro cuando nos negamos a seguir los pasos de cualquier cerdo multicolor y filisteo.
No.
En definitiva, no amo a México.
No amo al México que tanto pretenden vendernos los políticos y los medios.
Y quizás es muy probable que no ame tanto como ustedes al México de los atlas pero igual que todos nosotros lo sufrimos, de igual forma igual que ustedes me levanto… y alzo mi voz para decir que somos libres y que ni el emponzoñado plomo de su cobardía logrará sellar nuestros corazones y nuestros labios.