Rómulo Pardo Urías.

Hermosillo, Sonora. 6 de Diciembre de 1981.

Radicado en Xalapa, Veracruz. Pardo Urías ha publicado su trabajo poetico en la antología Hasta agotar la existencia Vol. 3 (2007), así como en el semanario Punto y Aparte, en Laberinto, suplemento del periódico Milenio-Veracruz, en Épica virtual y en la revista electrónica Isla negra, dirigida por Gabriel Impaglione.

 


 

Como del cielo quebradizo sostén tu mirada

 

simiente fresca de la insigne memoria.

 

Calle y recuerdos almacenados,

 

golpes de infancia,

 

llanto,

 

amargo licor de heridas no cicatrizadas.

 

Lluvia sobre el campo inmenso de la vida

 

hacia el auge del agua melancólica y fluida.

 

Luz y tinieblas, espasmos de sombras y huecos en la cabeza.

 

Agujero transitado de la lúgubre zona

 

encarcelamiento de pensamientos y tu entre motivos paranoicos.

 

Luna y argente reflejo la cúspide vuelta desprecio.

 

Este momento es cuando te han atropellado.

 

Y yo dejé de ser el héroe y soy el villano.

 

Tu pierna arranco y troto con ella en mis brazos.

 

Después despierto y te has ido a comprar pan.

 

Anoche creíamos hacer el amor. Destruimos nuestras almas.

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Rómulo Pardo Urías


 

Penumbra del origen en el tiempo prístino

 

las huellas enmarcadas en la tierra

 

hogueras ancestrales y remotas cicatrices.

 

Oscuras las películas del sol y de la playa

 

como la noche toda cubriendo el infinito

 

estrellado de silencios y veranos tropicales.

 

Cuerpo de penumbras que oscila entre los pasos

 

las costas de la infancia y la memoria

 

sopladoras de lluvia y maleza original.

 

Los ojos y la boca dibujadas en la luz de las estrellas

 

cúpula trepidante y abismo de vestigios del acto agrícola.

 

Señas y gestos dibujados profundamente

 

mientras los pinceles del aire acumulan la vejez.

 

Caverna con rostro esta cima del cielo,

 

este cuello indagado y primitivo,

 

esta luminosa forma de saber.
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Rómulo Pardo Urías

El ojo de la mañana está desnudo
como una piedra mojada
levanta su intención de ver al mundo
levanta su mirada
que en el quehacer de los días
sueña las frías coordenadas
coordenadas de caricias
de nubes entreveradas.

Mira hacia su horizonte
el ojo de la mañana
encuentra tierra y silencio
encuentra desfigurada
la cicatriz solitaria
cicatriz que se abalanza
sobre los rayos del sol
que se columpian con calma
entre el olvido que zumba
y la tristeza del alma.

Se encuentra con todo esto
el ojo de la mañana
y en su camino de luz
abre la cima plateada,
el ojo de la mañana.

 

Rómulo Pardo Úrias

Señal de vida.

Entrando para salir: un momento.

Instante sabor a jazmín.

Duelo constante.

Salir para entrar a otra parte.

Distancia distante de ti.

Pelícanos en el muelle.

Entrada y salida de viento.

Viento que nace en el vientre.

Viento que no volverá.

Rómulo Pardo Urías

De: Rómulo Pardo Urías

 

 

A Pablo Neruda 

Hace hectáreas cuadradas de tiempo

tu voz se llamaba alegría.

Mis párpados cerrados de amor

entre luciérnagas de agua

esculpen canciones de utopías desgastadas,

esferas de triste figura.

 

Después del silencio del llanto

―como tristeza de helado caído―

irrumpes la costa morena de mis cortinas:

contagio de fuegos artificiales en mi balcón.

 

Hace sólo un suspiro logré medir tu ausencia.

Fuiste tú, el poeta. Después de tú muerte –llanto-

sembraremos siluetas oblicuas de sol.

Echaremos a andar caminos de miel.

Escupiremos silencio a tu lado.

 

Antes de ti flotaba el misterioso endecasílabo.

Por tu torrente –continente marino-

surge mi instinto autodestructivo.

Soñaremos en tu cama.

 

En tu aposento somos figuras de chocolate derretido,

miradas derretidas de erotismo.

 

Flotaremos como tu recuerdo abandonado al día.

Hoy somos frambuesas para una boca infante,

la del tiempo que engendró poesía.

 

Rómulo Pardo Urías

Rómulo Pardo Urías

 

Enciende el amanecer una noche distante,

como si la luna flotará en docenas de semillas,

gérmenes de sonrisas, de llantos y despedidas.

 

Concursan caricias en una silla –mecedora ancestral-

que acurruca la frontera del silencioso sueño refulgente.

 

Rómulo Pardo Urías

 

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Rómulo Pardo Urías

Una vez odiamos el silencio:

en silencio…

por el silencio…

con el silencio…

Quisimos matar a gritos

―a gritos mataron,

en gritos morimos,

por gritos mataremos―.

Con gritos y en gritos morimos.

Hace tantos susurros olvidamos

que en ellos el olvido fue caricia

de tiempos perdidos en sonidos.

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Rómulo Pardo Urías

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Rómulo Pardo Urías

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Caigo rodando del sueño,

sueño que rompe fragancias

de otoños callados

o fuentes rosadas.

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Como un rayo que rompe

a su paso el silencio,

mi estruendoso pulso

ha roto el ritmo de un sol.

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Caigo rodando del sueño.

Sueño en extremo palpable;

otoño y tiempo: marchito descanso.

Una sombra nació junto a mi voz.

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Rómulo Pardo Urías

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Rómulo Pardo Urías

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Mi aliento canoso de ustedes.

Tus ojos cansados de oír.

La silla exhausta de nuestros jamones.

La mesa cansada de tanta avaricia.

Los tragos amargos del viejo café.

Cansado, cansado, estar cansado.

Mejor hagamos el amor como primates.

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Rómulo Pardo Urías

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Rómulo Pardo Urías

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No hieren los golpes ni las heridas duelen.

Lacera el respiro cuando no llega.

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¿Cómo leer un corazón desperdigado entre grafías?

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Nos perdimos en su eco, en su latir nos perdimos:

¡el amor no es asunto de academias!

sino de geometrías brincadas.

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Buscar es creer que se busca.

La muerte se evita sin nacer

y sin disparos de vida

se enferma como la guerra de paz.

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Un aborto se evita sin semen

y la euforia o la esquizofrenia

sin ser humano se evitan.

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Igual que las injusticias sin utopías se curan,

mi boca sin tu aliento enferma de ti, se alivia.

No leamos mis palabras.

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No duele olvidarte ni recordarte duele:

lastima ese alivio que no llega.

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Despierto en la cama.

El sol de la primavera

contagia de vida mi calma.

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No duele perderte y amarte

ni el tacto de tu abandono duele.

Lastima ese efecto llamado carencia.

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¿Qué hará este espacio huérfano de ti?

Perdido en su eco, grafía amorosa,

me lleno de guerra

o me enfermo de paz.

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Rómulo Pardo Urias

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