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La cinta, de 27 minutos y de la cual Crónica tiene una copia, fue realizada por el grupo La Risa de la Libélula Atonal en 1994. Estridentismo, gritos náufragos en la ciudad es su título y presenta al último miembro vivo, en ese momento, List Arzubide, como protagonista y narrador del periplo de Manuel Maples Arce y del grupo.

Es, sin duda, una pieza interesante por la aparición de List Arzubide, pero también por sus reflexiones sobre la poesía, dice Ramón Alvarado, director del Comité Editorial del departamento de Educación y Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco, quien rescató el filme y lo presentó en “Vanguardias artísticas y literarias del siglo XX”, dentro del V Congreso Internacional de Literatura Latinoamericana en noviembre de 2005.

También aparecen los críticos literarios Evodio Escalante y Luis Mario Schneider hablando de la trascendencia del movimiento en medio de una agobiante estética de la posrevolución. Al respecto, Xavier Villaurrutia lo calificó como la corriente que rompió con las aguas estancadas de la poesía, la plástica y la música.

Pero, también, este año se cumplen 88 del lanzamiento del primer Manifiesto estridentista, el 31 de diciembre de 1921, y el Museo Estudio Diego Rivera abrirá del 16 de agosto hasta el 25 de octubre la muestra Vanguardia estridentista. Soporte de la estética revolucionaria, con más de 130 obras, entre fotos, grabados, documentos, pintura y retratos…
(continuará)


Atenta invitación

poesía para jovenes

Miércoles 10 de febrero a las 20:00 hrs


I. V. E. S.

CALLE AZUETA #34 CENTRO


Xalapa, Veracruz.


Nos vemos…

Joel I. S. Montes

Carlos Abelardo Hernández Medina ( † )

 

 

 

   ¿Qué será de nosotros cuando se acabe el día,

 

cuando la luz brillante se convierta en luz tenue,

 

cuando la última meta, sin pretender llegar,

 

 tengamos que alcanzarla al final de otra luz;

 

cuando todos te orillen al margen de lo tuyo;

 

cuando todos te oculten en un triste rincón?

 

 

 

   ¿Qué será de nosotros cuando ya no tengamos

 

ni el calor del hogar, ni el calor de los hijos;

 

cuando igual, nuestros nietos nos resten su cariño,

 

nos tomen por el “coco” asustándose al vernos;

 

o tal vez, nuestra imagen hilaridad les cause

 

al mirarnos el rostro con los surcos del tiempo

 

bañado por doquiera de unas argentas barbas,

 

o cuando aquellos seres que antaño nos amaron

 

se alejen indolentes lacerando el sentir?

 

 

 

   ¿Qué será de nosotros cuando nuestros amigos

 

y aquellos conocidos de nuestra ayer infancia,

 

ya se hayan puesto en marcha cumpliendo su destino

 

o que nos damos cuenta en un impávido féretro

 

se albergue nuestro cuerpo inanimado y yerto,

 

que inevitablemente se tornará en cenizas

 

o en pasto de alimañas que darán nueva vida

 

al cosmos insondeable o al inmenso universo?

 

 

 

   ¿Qué será de nosotros cuando todas las voces

 

junto de sus murmullos se vayan diluyendo

 

en conciencia y oídos, que ahí unidos contigo

 

ya no presten ayuda, aliento, ni consuelo

 

al alma que errabunda entrará entre tinieblas

 

con el paso al infinito, para entrar asimismo,

 

a la morada etérea… que da la eternidad?

 

 

 

                                       8/VIII/06

 

 

 

         Lic. Carlos Abelardo Hernández Medina ( † )

 

 

Mario Benedetti

(Paso de los Toros, Departamento de Tacuarembó,

Uruguay, 14 de septiembre del 1920 – 17 de Mayo de 2009)

 

El día 17 de mayo de 2009 poco después de las 18:00h Benedetti fallece en su casa de Montevideo, a los 88 años de edad. El Palacio Legislativo fue designado como el sitio de su velatorio. En el marco de este hecho, el gobierno uruguayo decretó duelo nacional y dispuso que su velatorio se realice con honores patrios en el “Salón de los Pasos Perdidos” del Palacio Legislativo desde las 9:00 del Lunes 18 de mayo.

 

  

 

NOCIÓN DE PATRIA

(1962-1963)

 

 

Además una cosa:

Yo no tengo ningún inconveniente

En meterme en camisa de once varas…

Nicanor Parra

 

 

 

Cuando resido en este país que no sueña

cuando vivo en esta ciudad sin párpados

donde sin embargo mi mujer me entiende

y ha quedado mi infancia y envejecen mis padres

y llamo a mis amigos de vereda a vereda

y puedo ver los árboles desde mi ventana

olvidados y torpes a las tres de la tarde

siento que algo me cerca y me oprime

como si una sombra espesa y decisiva

descendiera sobre mí y sobre nosotros

para encubrir a ese alguien que siempre afloja

el viejo detonador de la esperanza.

 

Cuando vivo en esta ciudad sin lágrimas

que se ha vuelto egoísta de puro generosa

que ha perdido su ánimo sin haberlo gastado

pienso que al fin ha llegado el momento

de decir adiós a algunas presunciones

de alejarse tal vez y hablar otros idiomas

donde la indiferencia sea una palabra obsena.

 

Confieso que otras veces me he escapado.

Diré ante todo que me asomé al Arno

que hallé en las librerías de Charing Cross

cierto Byron firmado por el vicario Bull

en una navidad de hace setenta años.

Desfilé entre los borrachos de Bowery

y entre los Brueghel de la Pinacoteca

comprobé cómo puede trastornarse

el equipo sonoro del Chateau de Langeais

explicando medallas e incensarios

cuando en verdad había sólo armaduras.

 

Sudé en Dakar por solidaridad

vi turbas galopando hasta la Monna Lisa

y huyendo sin mirar a Botticelli

vi curas madrileños abordando a rameras

y en casa de Rembrandt turistas de Dallas

que preguntaban por el comedor

suecos amontonados en dos metros de sol

y en Copenhague la embajada rusa

y la embajada norteamericana

separadas por un lindo cementerio.

 

Vi el cadáver de Lídice cubierto por la nieve

y el carnaval de Río cubierto por la samba

y en Tuskegee el rabioso optimismo de los negros

probé en Santiago el caldillo de congrio

y recibí el Año Nuevo en Times Square

sacándome cornetas del oído.

 

Vi a Ingrid Bergman correr por la Rue Blanche

y salvando las obvias diferencias

vi a Adenauer entre débiles aplausos vieneses

vi a Kruschev saliendo de Pennsylvania Station

y salvando otra vez las diferencias

vi un toro de pacífico abolengo

que no quería matar a su torero.

Vi a Henry Miller lejos de sus trópicos

con una insolación mediterránea

y me saqué una foto en casa de Jan Neruda

dormí escuchando a Wagner en Florencia

y oyendo a un suizo entre Ginebra y Tarascón

vi a gordas y humildes artesanas de Pomaire

y a tres monjitas jóvenes en el Carnegie Hall

marcando el jazz con negros zapatones

vi a las mujeres más lindas del planeta

caminando sin mí por la Vía Nazionale.

 

Miré

admiré

traté de comprender

creo que en buena parte he comprendido

y es estupendo

todo es estupendo

sólo allá lejos puede uno saberlo

y es una linda vacación

es un rapto de imágenes

es un alegre diccionario

es una fácil recorrida

es un alivio.

 

Pero ahora no me quedan más excusas

porque se vuelve aquí

siempre se vuelve.

La nostalgia se escurre de los libros

se introduce debajo de la piel

y esta ciudad sin párpados

este país que nunca sueña

de pronto se convierte en el único sitio

donde el aire es mi aire

y la culpa es mi culpa

y en mi cama hay un pozo que es mi pozo

y cuando extiendo el brazo estoy seguro

de la pared que toco o del vacío

y cuando miro el cielo

veo acá mis nubes y allí mi Cruz del Sur

mi alrededor son los ojos de todos

y no me siento al margen

ahora ya sé que no me siento al margen.

 

Quizá mi única noción de patria

sea esta urgencia de decir Nosotros

quizá mi única noción de patria

sea este regreso al propio desconcierto.

 

 

Mario Benedetti

 

 LOS POETAS NO MUEREN…

 

 

Pensé, como al amanecer en sueño lánguido
hasta las estrellas futuras,
deseando perdidamente
descender
hasta el fondo del amor
como cuando con tal vehemencia el viento
venia del mar y sus sones
rompían
el silencio de la noche.
Y espero llegar a donde habite el olvido
donde el deseo no exista
donde penas y dichas no sean más que nombres,
cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo
donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
disuelto en niebla, ausencia
allá, allá lejos,
donde habite el olvido.

Habrá flores que te recuerden, palabras, cielos
olor, piel, instantes,
lluvias como ahora, y vivirás sin ello
habiendo sucedido.
Tu piel era mi gente, mis amigos, mis vecinos.
Duerme, libre del pasado,
todo el orgullo de la tristeza.

Tu cuerpo y el lazo de seda que conduce
a las plantaciones de la costa
y las palmeras,
al sudor de tu cabellera quemada por las nubes,
a los instantes inolvidables
tantas mutaciones de días grises
tantos homenajes a una belleza salvaje
que exigen el desorden.
Todas las rampas de una vida cambiante
la velocidad del amor
el mágico filtro del abandono
la hambrienta luz del desconcierto en nuestras voces
y el solitario frenesí de las palmeras
cuando en la ausencia
creciendo hacia mi pecho
el fondo de la tierra me devuelve de golpe
todas nuestras caricias.
El nudo furioso de la pasión
en los negros pasos del tiempo
aquellos días de desamparo, cerveza y lluvias
luz de senos en el mar
y sus gaviotas y sus músicas
de desunión con grandes lunas fascinantes
sin mas praderas que tus ojos.
Pais incorruptible, estático
país narcótico, inaceptable
con risas de alcohol en el viento
y tu pelo sobre mi cara