Víctor Hugo Pavón Álvarez

(Las Choapas, Veracruz. 1966)

Pedagogo egresado de la UV, es profesor de la Universidad Pedagógica Veracruzana (UPV) y el Centro Latinoamericano de Estudios Superiores (CLAES). Ha desempeñado trabajos tales como Supervisor de encuestas, operador de computadoras, gestor de cobranza, capturista de datos, crítico codificador, empleado censal, corrector de estilo, reportero, editor, notificador de Hacienda, maestro de teatro, cargador, vigilante, profesor, anunciador de ofertas, empleado de frutas y verduras, etc.

El poema nunca llegó,
acaso un laberinto de voces
o el martilleo del silencio.
Ni imagen ni palabra,
acaso un fogonazo de ira,
nuestras desnudas historias.

El poema es sólo humo,
el fantasma alegre, maldito.
¿Quién se acuerda ahora de ti?
Pinche güey, te olvidaron
o te olvidaste de ti por ti.

El poema salió de la chistera
y tomó por sorpresa al mago.
Lo supiste siempre
y reclamas porque duele.

El poema cojea bastante
del pie derecho, el mismo
de tus hondos pasos.

¿Por qué el poema y no el cuento?
Por tu pesada ancla
por el hambre y la obsesión
porque el poema es puro cuento
porque lo necesitas
para hablar
para reír
para volar.

El poema pasó a tu lado
y te marcó la mano
te carcomió el estómago
se ensañó contigo.

Qué carajos es el poema.
Ya es tarde,
mejor vete a dormir.

De dónde
la bisagra rota
el aire helado
de dónde

Por fortuna
están los ángeles
y los granos de azúcar
por fortuna

Algún día
regresaremos a La Tierra
y volveremos a Ser
algún día

Te necesito
en mi casa
en la primavera
te necesito

Tengo paz
con fruta fresca
y telas calientitas
tengo paz

Luego vuelvo
a volar con ustedes
a cantarles algo
luego vuelvo

Hay días como hoy
en que el sol no brilla
y las horas se coagulan
en letal aburrimiento.

Días como éste
en que no hay llegada
ni salida, en que la fatiga
devora anhelos pendientes.

Hoy no quiero recibir amigos
ni escuchar canciones.
Hoy no hay Dios ni fe.
No hay armonía ni viveza,
sólo hundimiento en el desamor
y la implacable apatía.
Puede que mañana la sintonía
de la radio mejore, quién sabe.

Por hoy la vida no tiene sentido.
Por hoy las campanas sangran
y la amargura asesta una estocada
al corcel de la dicha.
Por hoy me borra la goma
del lápiz de mi existencia.

Amo a Las Choapas, este pueblo,
con su fealdad a cuestas
con sus calles lunares
y sus parchadas casas.
Amo a Las Choapas honestamente,
con su boca desdentada.
Recorro en largas caminatas
su geografía marchita
disfrutando sonidos y olores,
descubriendo poesía en su mercado
donde acuden personajes de novela.
Amo a este bronco pueblo
en el que pasé mi infancia
azul y roja,
en el que amé a Laura
lo que duró la secundaria.
Me fui de aquí por muchos años
y estoy aquí de nuevo,
re-descubriendo
re-conociendo
re-molestando.
Amo todo lo que de él emana:
árboles de magia,
amaneceres de zanates,
un río lacerado
y parques malheridos.
Amo a Las Choapas
sin remedio.