Víctor Hugo Pavón Álvarez
(Las Choapas, Veracruz. 1966)
Pedagogo egresado de la UV, es profesor de la Universidad Pedagógica Veracruzana (UPV) y el Centro Latinoamericano de Estudios Superiores (CLAES). Ha desempeñado trabajos tales como Supervisor de encuestas, operador de computadoras, gestor de cobranza, capturista de datos, crítico codificador, empleado censal, corrector de estilo, reportero, editor, notificador de Hacienda, maestro de teatro, cargador, vigilante, profesor, anunciador de ofertas, empleado de frutas y verduras, etc.
NO QUIERO QUE ATAQUEN MI HOGAR SOLDADOS Y/O POLICÍAS FEDERALES,
ESTATALES Y/O MUNICIPALES (O TODOS JUNTOS).
LO QUE LE PASÓ AL POETA EFRAÍN BARTOLOMÉ (http://www.proceso.com.mx/?p=278383)
(Y A MUCH@S OTR@S QUE NO SALEN EN LOS PERIÓDICOS)
ES INACEPTABLE.
YA BASTA DE REPRESIÓN Y TERROR DE ESTADO.
SIGAMOS LEVANTANDO LA VOZ.
SIGAMOS LEVANTANDO LA VOZ.
¡YA BASTA!
Víctor Hugo Pavón Álvarez
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Comparto un poema que me gusta mucho del famoso poeta y músico uruguayo Washington Benavides. (Víctor H. Pavón)
Oído en un teléfono
El poeta es un apóstata,
inevitablemente. Está
marcado para la apostasía
Su búsqueda incesante
le obligará a colgar
más de una fe en el perchero
(ni a César lo que es del César
ni a Dios lo que es de Dios)
Traspasará las puertas
de marfil 0 de cuerno
las del cofre-fort
las de la cabina telefónica
de la cabina espacial.
Descifrará en el palimpsesto
de los días
otros días que igualmente
fueron o serán suyos.
Traducirá las páginas etruscas
de las muchas realidades.
El poeta es un apóstata.
No tiene otra salida. Está
obligado a descubrir
lo que le espera a la vuelta
de la esquina. Y esto no le
acarreará
ni seguridad ni prestigio.
El poeta es un apóstata.
Pelada la última capa de la cebolla
debe imaginar la cebolla
platónica
que en un plato -fuera de su alcance-
lo espera
para recomenzar el trabajo
de quitarle una a una sus pieles
y encontrarse con otra cebolla
reluciente
idéntica a un lucero.
El poeta es un apóstata.
Debe serlo. Para acompañar
a los que se atreven por el salón
de los pasos perdidos
a los que conversan con sus sombras
a los que alientan desde una cárcel
la liberación de los hombres.
Poesía
se llama
Apostasía.
De Lección de exorcista, 1991
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Les comparto un bello poema de la escritora y periodista paraguaya María Eugenia Ayala.
Asimismo, les deseo un nuevo año repleto de cosas maravillosas.
Con afecto:
Víctor Hugo Pavón Álvarez
27 de diciembre de 2010.
CAFÉ CANELA
María Eugenia Ayala*
Café canela de a sorbos,
derrochamos las palabras
por designio del destino
escondidas de infortunio,
al crepúsculo testigo
tarde en llamas de un otoño.
Nos sentamos, conversamos,
tú dijiste muchas cosas
y yo dije muchas otras,
café canela sorbiendo…
soltando audaces miradas
en compases vespertinos.
Súbitamente y sublime
la noche nos fue cubriendo,
bastó un silencio profundo
y una pregunta azarosa,
café canela de a sorbos…
Y tu infinita mirada
se reflejó en mis pupilas,
como en un mar de ansiedades.
Antes que el café se acabe,
sí, tus manos y mis manos
se encontraron de improviso
y un huracán de amapolas
ardió en medio de esa magia.
Café canela de a sorbos,
en la cuenta regresiva
tras el tiempo ya perdido,
recorrimos de inmediato
el camino fugitivo
de prohibidas melodías,
de encendidas madreselvas.
Café canela de a sorbos,
florecieron nuestros labios
de néctar y nardos vivos.
Ahogada en café la noche,
penetraba imperturbable
en un sudor sin preguntas
en un sudor sin respuestas.
Mientras, rompimos las reglas
sobre el amor en silencio,
sobre el amor al desnudo
y un manantial de jazmines
y de mieles muy sabrosas
lento y profundo invadía
los cuencos de mis entrañas,
disuelto en café canela.
Con sabor café canela,
mi cuerpo de mar se hizo,
tu piel mi bahía fue,
a los pies erupcionados
del volcán que despertamos.
*http://www.poemasdecafe.com/
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De: Víctor Hugo Pavón Álvarez
Quiero llegar pronto a casa.
Soy un águila volando
sobre un desierto inmenso.
Detrás de aquel cerro pelón
puede estar el paraíso…
pero no me importa.
Camino desnudo por la calle
y la gente ignora mi presencia.
Me acuesto en el suelo y percibo
los latidos del silencio.
Me levanto y mi imagen
se proyecta en un edificio
con miles de cristales.
Veo que mi cuerpo se parte,
la carne se cae en pedazos
hasta que soy huesos y cartílagos.
Mi cráneo explota; se oye un CRAC.
Del caos paso a ser cualquier cosa:
un vaso de agua
una taza de té
un grano de sal
un corazón sangrante.
Llego casa, beso a mi hijo
y abrazo tiernamente a mi madre.
Estoy tranquilo y feliz… no sé,
supongo que así es esto de vivir.
Víctor Hugo Pavón Álvarez
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Mi corazón, leal compañero.
Nunca me abandona
y trabaja sin descanso
desde hace cuarenta
y cuatro años.
Es grande y luego el pobre
no entiende que la vida es difícil.
En las desgracias y en la felicidad
es el más solidario.
Es un corazón bonachón y violento,
tranquilo y desesperado.
Algún día se detendrá
y me iré de aquí.
Este corazón
es como un niño
enorme, apasionado.
Es la estrella
más luminosa
de mi alma.
Este corazón
honra a mis ancestros
bendice a mi hijo
y sana la vida.
A veces el corazón se espanta
y se vuelve más fuerte,
más amable
e invencible.
Corazón
jamás
he
dejado
de amarte.
Víctor Hugo Pavón Álvarez
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Lina Zerón nació en México, DF en 1959. Es una poeta extraordinaria. Su obra ha sido traducida al inglés, francés, alemán, italiano, catalán, portugués, servio, ruso, esloveno, italiano, árabe, rumano, holandés y mongol.
Su página web es www.linazeron.com
LETANÍA
Lina Zerón
Benditas las mujeres que protegen el fruto de su vientre
asumiendo la parábola de su belleza bajo un delantal,
aquellas que lavan su rostro con el manto de la rutina
y aprenden a alzar la voz , aunque sólo se tenga la voz.
Benditas las mujeres que arrastran la cruz de impuras
regando su futuro con lágrimas de ausencias
que encuentran purificación en el agua de cualquier río
y tejen amores dispersos en el manar del tiempo.
Benditas las mujeres que se enamoran,
las hechiceras de la noche,
las que comparten el fuego de las bodas del cuerpo
en la consagración de la piel.
Benditas las que gritan lo que el corazón profesa
las que escuchan y las que imponen su palabra
también las que callan su verdadera pasión
sobreviviendo como agua estancada y triste.
Benditas las que enfrentan el nido vacío
reviviendo cada noche el éxodo desde su origen.
Benditas las que son tormenta, río sin cauce,
a las que llaman locas, revoltosas,
liberadas, feministas,
y son capaces de atropellar al viento con una mirada
Benditas las hembras con fracturas y fragmentos
Benditas Nosotras, matriz del universo.
Enviado: jueves, 1 de abril, 2010 23:42:17
Asunto: Un poema de Lina Zerón
Por: Víctor Hugo Pavón Álvarez
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Víctor Hugo Pavón Álvarez nos invita a disfrutar a Clara Janés. Poeta, novelista, ensayista y traductora española nacida en Barcelona en 1940. Parte de su obra poética se ha traducido a más de 20 idiomas.
Los latidos estallan en mis labios
Los latidos estallan en mis labios
que ya apenas murmuran:
come, death, and welcome!
Sobre el ansia desértica
de tu carne de agraz arboladura
la luna se desmaya
cubriendo de pudor
descuartizados miembros,
que en la sangre recogen
el aullido cortante,
los amorosos restos de mi cuerpo.
Estuve con un joven
Estuve con un joven
y supe al fin lo que era
el violento arrebato, la agilidad vibrátil,
cavidades melosas en la carnosa pulpa
suavemente entreabierta
hasta el linde dehiscente,
el perfecto engranaje,
la densidad precisa de jugos derramados,
la inclinación debida,
la posición exacta,
y la sabiduría del mutismo,
la belleza de un glande.
No sé
Soy hermosa y mi piel es suave
y el viento del mar me devuelve rocío
de tiernas tersuras.
Mi cabello perfumo y adorno de áurea madreselva
y mi pecho es redondo y casi virginal.
Tuve un amante que ensalzó mis caderas
y mi forma de amar intensa y silenciosa.
Podría ser aún como un río de luz en tus brazos.
No sé qué te retiene, si furtivo, he visto
un destello de ardor en tu gesto al pasar.
Can I go forward when my heart is here?
No conozco la astucia,
no soy como la hoja del chopo
que en oruga se oculta y arracima
antes de dar su tierno cuerpo al viento,
soy clara y sin pudor,
soy entera y tajante,
y no sé seducir.
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Les comparto este bello poema del cubano Roberto Fernández Retamar (La Habana, 1930) Con mucho afecto: Víctor Hugo Pavón.

Con las mismas manos de acariciarte estoy construyendo una escuela. Llegué casi al amanecer, con las que pensé que serían ropas de trabajo, pero los hombres y los muchachos que, en sus harapos esperaban todavía me dijeron señor.
Están en un caserón a medio derruir, con unos cuantos catres y palos: allí pasan las noches ahora, en vez de dormir bajo los puentes o en los portales.
Uno sabe leer, y lo mandaron a buscar cuando supieron que yo tenía biblioteca.
(Es alto, luminoso, y usa una barbita en el insolente rostro mulato).
Pasé por el que será el comedor escolar, hoy sólo señalado por una zapata sobre la cual mi amigo traza con su dedo en el aire ventanales y puertas.
Atrás estaban las piedras, y un grupo de muchachos las trasladaban en veloces carretillas.
Yo pedí una y me eché a aprender el trabajo elemental de los hombres elementales.
Luego tuve mi primera pala y tomé el agua silvestre de los trabajadores, y, fatigado, pensé en ti, en aquella vez que estuviste recogiendo una cosecha hasta que la vista se te nublaba como ahora a mí, ¡Qué lejos estábamos de las cosas verdaderas, amor, qué lejos -como uno de otro! La conversación y el almuerzo fueron merecidos, y la amistad del pastor hasta hubo una pareja de enamorados que se ruborizaban cuando los señalábamos, riendo, fumando, después del café.
No hay momento En que no piense en ti.
Hoy quizás más, y mientras ayude a construir esta escuela con las mismas manos de acariciarte.
Roberto Fernández Retamar
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El poema nunca llegó,
acaso un laberinto de voces
o el martilleo del silencio.
Ni imagen ni palabra,
acaso un fogonazo de ira,
nuestras desnudas historias.
El poema es sólo humo,
el fantasma alegre, maldito.
¿Quién se acuerda ahora de ti?
Pinche güey, te olvidaron
o te olvidaste de ti por ti.
El poema salió de la chistera
y tomó por sorpresa al mago.
Lo supiste siempre
y reclamas porque duele.
El poema cojea bastante
del pie derecho, el mismo
de tus hondos pasos.
¿Por qué el poema y no el cuento?
Por tu pesada ancla
por el hambre y la obsesión
porque el poema es puro cuento
porque lo necesitas
para hablar
para reír
para volar.
El poema pasó a tu lado
y te marcó la mano
te carcomió el estómago
se ensañó contigo.
Qué carajos es el poema.
Ya es tarde,
mejor vete a dormir.
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De dónde
la bisagra rota
el aire helado
de dónde
Por fortuna
están los ángeles
y los granos de azúcar
por fortuna
Algún día
regresaremos a La Tierra
y volveremos a Ser
algún día
Te necesito
en mi casa
en la primavera
te necesito
Tengo paz
con fruta fresca
y telas calientitas
tengo paz
Luego vuelvo
a volar con ustedes
a cantarles algo
luego vuelvo
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