Víctor Hugo Pavón Álvarez

(Las Choapas, Veracruz. 1966)

Pedagogo egresado de la UV, es profesor de la Universidad Pedagógica Veracruzana (UPV) y el Centro Latinoamericano de Estudios Superiores (CLAES). Ha desempeñado trabajos tales como Supervisor de encuestas, operador de computadoras, gestor de cobranza, capturista de datos, crítico codificador, empleado censal, corrector de estilo, reportero, editor, notificador de Hacienda, maestro de teatro, cargador, vigilante, profesor, anunciador de ofertas, empleado de frutas y verduras, etc.

CLARA JANES

 

 

 

 

 

 

 

 

 Víctor Hugo Pavón Álvarez  nos invita a disfrutar a Clara Janés. Poeta, novelista, ensayista y traductora española nacida en Barcelona en 1940.  Parte de su obra poética  se ha traducido a más de 20 idiomas.

 

 

Los latidos estallan en mis labios

 

Los latidos estallan en mis labios
que ya apenas murmuran:
come, death, and welcome!
Sobre el ansia desértica
de tu carne de agraz arboladura
la luna se desmaya
cubriendo de pudor
descuartizados miembros,
que en la sangre recogen
el aullido cortante,
los amorosos restos de mi cuerpo.

 

Estuve con un joven

 

Estuve con un joven
y supe al fin lo que era
el violento arrebato, la agilidad vibrátil,
cavidades melosas en la carnosa pulpa
suavemente entreabierta
hasta el linde dehiscente,
el perfecto engranaje,
la densidad precisa de jugos derramados,
la inclinación debida,
la posición exacta,
y la sabiduría del mutismo,
la belleza de un glande.

 

No sé

Soy hermosa y mi piel es suave
y el viento del mar me devuelve rocío
de tiernas tersuras.
Mi cabello perfumo y adorno de áurea madreselva
y mi pecho es redondo y casi virginal.
Tuve un amante que ensalzó mis caderas
y mi forma de amar intensa y silenciosa.
Podría ser aún como un río de luz en tus brazos.
No sé qué te retiene, si furtivo, he visto
un destello de ardor en tu gesto al pasar.

Can I go forward when my heart is here?

No conozco la astucia,
no soy como la hoja del chopo
que en oruga se oculta y arracima
antes de dar su tierno cuerpo al viento,
soy clara y sin pudor,
soy entera y tajante,
y no sé seducir.

Les comparto este bello poema del cubano Roberto Fernández Retamar (La Habana, 1930)
Con mucho afecto:
Víctor Hugo Pavón.

 

R. FERNANDEZ RETAMAR

 
 


 

 

 

Con las mismas manos de acariciarte estoy construyendo una escuela.
              
Llegué casi al amanecer, con las que pensé que serían ropas de trabajo,
pero los hombres y los muchachos que, en sus harapos esperaban
todavía me dijeron señor.


Están en un caserón a medio derruir,
con unos cuantos catres y palos: allí pasan las noches
ahora, en vez de dormir bajo los puentes o en los portales.


Uno sabe leer, y lo mandaron a buscar cuando
supieron que yo tenía biblioteca.


(Es alto, luminoso, y usa una barbita en el insolente rostro mulato).


Pasé por el que será el comedor escolar, hoy sólo señalado por una zapata
sobre la cual mi amigo traza con su dedo en el aire ventanales y puertas.


Atrás estaban las piedras, y un grupo de muchachos
las trasladaban en veloces carretillas.

Yo pedí una
y me eché a aprender el trabajo elemental de los hombres elementales.


Luego tuve mi primera pala y tomé el agua silvestre de los trabajadores,
y, fatigado, pensé en ti, en aquella vez
que estuviste recogiendo una cosecha hasta que la vista se te nublaba
como ahora a mí,
¡Qué lejos estábamos de las cosas verdaderas,
amor, qué lejos -como uno de otro!
La conversación y el almuerzo
fueron merecidos, y la amistad del pastor
hasta hubo una pareja de enamorados               
que se ruborizaban cuando los señalábamos, riendo, 
fumando, después del café.


No hay momento
En que no piense en ti.


Hoy quizás más,               
y mientras ayude a construir esta escuela 
con las mismas manos de acariciarte.

  
Roberto Fernández Retamar

El poema nunca llegó,
acaso un laberinto de voces
o el martilleo del silencio.
Ni imagen ni palabra,
acaso un fogonazo de ira,
nuestras desnudas historias.

El poema es sólo humo,
el fantasma alegre, maldito.
¿Quién se acuerda ahora de ti?
Pinche güey, te olvidaron
o te olvidaste de ti por ti.

El poema salió de la chistera
y tomó por sorpresa al mago.
Lo supiste siempre
y reclamas porque duele.

El poema cojea bastante
del pie derecho, el mismo
de tus hondos pasos.

¿Por qué el poema y no el cuento?
Por tu pesada ancla
por el hambre y la obsesión
porque el poema es puro cuento
porque lo necesitas
para hablar
para reír
para volar.

El poema pasó a tu lado
y te marcó la mano
te carcomió el estómago
se ensañó contigo.

Qué carajos es el poema.
Ya es tarde,
mejor vete a dormir.

De dónde
la bisagra rota
el aire helado
de dónde

Por fortuna
están los ángeles
y los granos de azúcar
por fortuna

Algún día
regresaremos a La Tierra
y volveremos a Ser
algún día

Te necesito
en mi casa
en la primavera
te necesito

Tengo paz
con fruta fresca
y telas calientitas
tengo paz

Luego vuelvo
a volar con ustedes
a cantarles algo
luego vuelvo

Hay días como hoy
en que el sol no brilla
y las horas se coagulan
en letal aburrimiento.

Días como éste
en que no hay llegada
ni salida, en que la fatiga
devora anhelos pendientes.

Hoy no quiero recibir amigos
ni escuchar canciones.
Hoy no hay Dios ni fe.
No hay armonía ni viveza,
sólo hundimiento en el desamor
y la implacable apatía.
Puede que mañana la sintonía
de la radio mejore, quién sabe.

Por hoy la vida no tiene sentido.
Por hoy las campanas sangran
y la amargura asesta una estocada
al corcel de la dicha.
Por hoy me borra la goma
del lápiz de mi existencia.

Amo a Las Choapas, este pueblo,
con su fealdad a cuestas
con sus calles lunares
y sus parchadas casas.
Amo a Las Choapas honestamente,
con su boca desdentada.
Recorro en largas caminatas
su geografía marchita
disfrutando sonidos y olores,
descubriendo poesía en su mercado
donde acuden personajes de novela.
Amo a este bronco pueblo
en el que pasé mi infancia
azul y roja,
en el que amé a Laura
lo que duró la secundaria.
Me fui de aquí por muchos años
y estoy aquí de nuevo,
re-descubriendo
re-conociendo
re-molestando.
Amo todo lo que de él emana:
árboles de magia,
amaneceres de zanates,
un río lacerado
y parques malheridos.
Amo a Las Choapas
sin remedio.