W. Arturo Luna
(México D.F, 1.9.1979)
Mexicano por circunstancia y por convicción. Cuando existe algún motivo, arrancado de lo cotidiano como de lo extraordinario, escribe poemuletas, que le ayudan a caminar en los senderos de la existencia.
Como cree en la educación como un bien fundamental y un derecho de todos, poetizar la vida y socializar la poesía le parece una apuesta noble y placentera, además de una forma más de aprender mediante la experiencia simultáneamente íntima y colectiva de oír, leer o escribir.
¿Cómo hacerte venir?
¿Cómo hacer para atraer algo más que tu mirada?
¿algo más que tu cabellera tejida en el instante?
¿Cómo componer un verso que te robe la calma
y te anime el deseo?
Quisiera tomar tus manos
y entrar por ellas a tu edén, a tu florido solar.
Deslubrarte quiero con mis maravillas blancas,
con mis tiernos nardos, y mis eliotropos extensos.
Incidir en tu pensamiento brillante, de estructura impredecible.
Dejar mi huella en tus dígitos hermosos,
estenografiar tu piel,
con cariñoso alfabeto,
que comience en mis latidos,
que termine en tus besos.
¿Cómo competir con el universo,
que te tiene tan suya?
¿Cómo hacerte una galaxia, un sol, una constelación de anhelos,
que los veas y los asumas flores de tu jardín, frutos de tu huerto?
¿Cómo agrupar nuestros disjuntos mundos,
convertirlos en bosques habitados por gallardos ciervos,
veloces ocelotes, innumerables flores y laboriosos insectos?
¿Cómo no morir de angustia durante y después de tu silencio?
¿Cómo volverte a nombrar, sin derramar las acuosas gemas,
esas que lloro hasta volverme sal?
¿Cómo imantar tu intelecto y tus emociones,
arrastrándolos a mi centro universal de tentaciones?
¿Cómo llevarte mi humedad de lluvia ancestral, cristales de savia vital,
sin mis lágrimas de ser eterno?
¿Cómo interesarte en mis ecuaciones,
en mis confusos diagramas,
en mis símbolos, en mis locas ilusiones,
en mis tercos anagramas,
en mis sociales preocupaciones,
en mis artificiales programas?
Cautivarte debo,
en los atardeceres de mi cielo,
en las noches azules de mi desvelo,
en las mantas coloridas de mi mediodía,
en las cosas que pinto con mis manos,
en las letras que mi pensamiento logra, si te llamo,
en la agonía de la tristeza, si te pienso,
en las nubes de mi amanecer incierto.
¿Mas, cómo inventar un canto sereno, ardiente,
que te lleve junto a mi alegre pecho de flamas de cristal?
¿Cómo llevarte a mi selva de ceibas prodigiosas,
de raras aves, de plantas misteriosas?
¿Cómo interesarte en mi desierto, si eres delfín del infinito mar?
Dic-2009
No Hay Comentarios »
Muchas veces
el instante
se escapa como
serpiente sibilante,
bífida lengua
esperanza-deseo,
oportunidad
de cascabel frenético,
efímero sonar
de cristalizado suspiro.
Intento labrar
una flauta mágica
encantadora de instantes
que los haga trepar
cuerdas infinitas
y así,
volverme
encantador de serpientes,
contar sus crótalos de cobre,
con cuentas de diamante,
duras y frías,
pero atrayentes
del instante.
Aún no encuentro
la manera,
aún no encuentro
la madera.
Intento,
a cada paso,
a cada verso,
creyendo que existe
el instrumento
domador de instantes.
Tomo tus ojos,
tus lentes,
tus risas,
tus dedos,
tu medida,
tu paciencia de tigresa siniestra,
mas falta la armonía encantada
y también tú,
huyes como el instante,
reptando entre la selva
del pronto olvido,
que me angustia
con sus plantas incontables,
hojas inmensas
como mis madrugadas
sin luna,
sin estrellas redondeadas.
Ver-Xal. 18-19 Dic. 2009
1 Comentario »
Hazme obsesión,
suave capullo,
declárame inocente,
blanco arrullo,
tornasol pluma
del quetzal poético,
de la guacamaya profética,
de penacho colorido.
Vísteme con luces
finamente bordadas,
en el manto de esta tierra,
de maizales espigados,
nacidos de promiscua relación
viento-semilla,
germen de ilusión así esparcida.
Vísteme de tonos rojos,dorados,
vuélveme serpiente peligrosa,
amarga pesadilla de la culpa,
del pesado arrepentimiento,
hazme morder su corazón
de cuervo,
esparciendo mi veneno
entre sus venas.
Muéstrame en un sueño tranquilo,
onírica odisea de hierba viva,
corazón de ámbar y de ortiga,
surcando el horizonte requemado,
vistiéndome de soles y de nubes. |
|
Tiéndeme en las manos del tiempo,
hazme florecer en el origen
(de tus besos, de tu templo)
deja mis raíces en silencio,
pule mis hojas con tu seno.
Torna mi mirada en tentación,
encuéntrala en rápido vuelo,
hazla perdición,
hazla consuelo,
vierte su néctar en tu pelo,
toma mis plumas de águila morena
y cobija tu desnudo cuerpo,
muéstrame el fondo de tu velo.
Enciende mis sangre
ennegrecida de sielencio,
que se vuelva roja,
en imitación de tus destellos,
vuelve mis latidos esperanza,
coagula la belleza de tu cielo,
derrama mi tristeza por el suelo.
Vuélveme tu calma y tu deseo,
abraza mi obsidiana entre tus labios,
toma con placer mi pedernal,
envuélvelo en tu cuerpo,
cubre con tu piel sus espesuras,
arrúllame con cantos tiernos. |
Noviembre de 2009
No Hay Comentarios »
¿Cuál daga corta más y mejor,
la ignorancia inducida,
la ignominia planeada,
la esperanza traicionada,
o la mentira mil veces ensayada?
Hay una distancia pequeña
entre el dolor de un beso,
un beso de dolor,
un beso de rabia,
y un rabioso beso.
¿Cuál es mejor en la hora
del cromado olvido?:
¿el recuerdo entumecido,
o la desesperanza loca?
¿Cuál sabe mejor
en los titiritantes momentos
del azul intenso,
del café obscuro,
de la noche del adiós?
¿Cuál escojer enmedio del crujir de huesos,
del rechinar de dientes,
en la hora del desengaño?
Si tú sabes, no guardes silencio.
No Hay Comentarios »
El amor nos acerca a lo improbable, a lo inverosímil, a lo falso.
El odio en cambio, nos hace veraces,
nos aproxima a lo probable, a lo real, a lo verdadero:
la destrucción es segura y todo es destructible.
Me gusta ser falso.
WALR
Me gustan los imposibles
ando en pos del infortunio
busco la saciedad del mar en las arenas del desierto
atravieso mis ojos con las espinas del desengaño
perforo mi carne con el filo de la desventura
quemo mis oídos con las cera hirviente de la mentira
horado mis dientes hasta el nervio, con el taladro del duelo
quebranto mis manos buscando tocar lo inasible: la verdad
rompo mis venas con la punta de la desilusión
Y todo, porque creo en los hombres, en los poetas, en los músicos, en los científicos, en los niños.
Sin embargo, se necesitan glorias más altas
que mi endeble intento de ser sol de primavera,
las tinieblas son su vestido y su alimento,
de vez en cuando, me sumerjo en ellas,
hasta el fondo del placer insensato,
del dulce y abrasivo egoísmo,
y me vuelvo metálico arbusto, perdido en cualquier bosque maldito…
Ea pues, que seguimos siendo humanos y gusanos,
ea pues, que sigo buscando lo improbable en la seguridad tibia de mis manos…
ea pues, que sigo encontrando brillos en las cuevas más profundas,
en los más despoblados llanos.
2 Comentarios »
Esto de jugar a la vida
es algo…
que a veces duele
Jugar a la vida. Tito Fernández
¿Qué haré yo?
con mis luciérnagas verdes,
doradas, azules, moradas.
Con este corazón tan roto,
tan astillado,
Con este pez globo, reventado,
Con este cielo negro,
sin estrellas, escalpelado,
Tengo muchas luces en la mano,
las necesito,
pero ciegan mi intento de escritura,
opacan los destellos de ternura,
camino verde, follaje esplendoroso,
cactáceo carácter, senda rústica,
ánimo café,
espinoso tránsito espiral.
Con mis caleidoscopios de cristal,
vidrio molido en la retina,
el uni-verso reducido,
compactado,
mínima expresión de su concierto.
¿Qué haré con mis flores?
con su taxonomía arbitraria,
y su eterna aspiración por los recuerdos.
Sus colores, perfumes y texturas,
esperanzas maquilladas de hermosura,
centros de ilusión colorida.
Con estas alas inservibles,
aceradas mebranas, laminadas,
con este vuelo pesimista,
aerodinámica entrevista con la nada,
muerte trágica de la distancia,
cual caída de trapecista,
esperanza desgarrada.
No Hay Comentarios »
![princesas-navidad[1] princesas-navidad[1]](http://www.adictosalapoesia.org/wp-content/uploads/2009/10/princesas-navidad1.jpg)
No me gustan las princesas,
ni sus bronceados,
ni sus cabezas,
ni sus modos,
ni sus tristezas.
No me gusta que lloren por nada,
por un unicornio,
por su jardín de espuma, florido,
no me gustan las princesas
de oro pulido.
No me gustan las princesas,
me harta su fragilidad supuesta,
me enfada su pueril ingenuidad,
me desespera su candorosa hipocresía.
No me gustan las princesas,
sus pefumes me llenan de náusea
el cuarto menguante,
de urticaria intensa el mediodía.
No me gustan las princesas,
ni sus mejillas rosadas, pulcras,
sus dientes de perla cultivada,
sus ojos de serpiente adormecida,
su veneno de rosa ensombrecida.
No me gustan las princesas,
sus colores de mentira,
su voz nunca angelical,
siempre entumecida,
sus oraciones de papel,
sin sus cenizas.
No me gustan las princesas,
su virginidad artificial,
su hermosura-fantasía,
sus cabellos no dorados, amarillos,
sus uñas perfectas, garras inmundas,
sus vestidos de flores mentirosas,
su ornato desdichado, obscurecido,
sus luces de mediodía de velas,
no de soles relucientes.
No me gustan las princesas,
su color dinero,
su olor del interés,
humores rancios, podredumbre,
maquillados los tesoros,
dorada ilusión de hueco cobre.
No me gustan las princesas,
sus líbidos ocultos,
caninos corazones,
sus rabias evidentes,
podridas tentaciones,
lúbricas sonrisas,
cascarones de esperanza.
No me gustan las princesas,
No me gustan las princesas,no
no ellas que se ruegan a la vida,
cual si fueran tierras prometidas,
cuando son purgatorios ambulantes.
No ellas ni sus fiestas de pipa y guante,
de vestidos sedosamente cortados,
de joyas, alhajas y diamantes,
lágrimas de lagarto,
gélidas flamas de sangre azul descolorida.
Muecas con labial magenta,
con rubor de cereza, sin cinabrio,
con brillos electrónicos.
No me gustan las princesas
cuerpos perfectamente simulados
miradas perdidas, extravío constante
barcos en naufragio,
trenes descarrilados,
naves perdidas…
Prefiero a las sencillas aves,
de canto sereno,
de moreno corazón
y sangre roja, color de sol.
Prefiero a las silvestres flores
que se abren al rocío de la mañana.
Prefiero los corazones de barro,
los rubores de perfumado color,
las manos pequeñas de trabajosas formas.
Prefiero las mantas blancas,
cuajadas de flores coloridas,
y de colores en flor.
Prefiero a las mendigas sonrientes
que a las cortesanas amargas,
los dulces campestres,
a las azucaradas lagartas,
refinados sabores de la mentira.
3 Comentarios »
Eras un sol radiante.
Un sol radiante,
colorida fuerza,
fuego tierno,
sol florido, perfumado,
sol que no me cabía en las manos,
ni en las letras,
ni en los cuadernos,
ni en las ideas.
Flamígera ofrenda tu mirada era.
Ardían las llamas de tus cabellos,
destellos dorados, marrones,
bronce entrelazado,
bronce ondulado,
luz y calor tu sonrisa.
Eras un sol radiante,
inmortal, de eternidad,
primavera plena,
viva esperanza de inmortalidad.
Ahora sé que no eres un sol,
tu rostro no es tan radiante, ni tan florido.
Ahora sé que eres un sistema solar,
de planetas alineados,
de lunas desterradas,
de estrellas infinitas.
Ahora sé que eres un mar,
poseído y poseedor,
de música,
de canto, de vida
de sal y calor.
Ahora sé, que tus pasos estelares,
se alejan presurosos.
años luz…
Deseo sideral,
lejanía de cristal obscuro,
de luces, de pretérido y futuro.
Ahora sé que tus rayos antes dorados,
tienen blanca luz, de plata,
y tus ojos son el limbo de mis sueños,
como tu rostro
el espacio donde navegan mis miradas,
ellas, náufragas de la mañana,
resabios del despertar lluvioso,
de nuestra infancia terminada,
nuestra adolescencia interrumpida,
nuestra adultez desesperada.
Eras un sol radiante.
Un sol radiante,
colorida fuerza,
fuego tierno,
sol florido, perfumado,
sol que no me cabía en las manos,
ni en las letras,
ni en los cuadernos,
ni en las ideas.
Flamígera ofrenda tu mirada era.
Ardían las llamas de tus cabellos,
destellos dorados, marrones,
bronce entrelazado,
bronce ondulado,
luz y calor tu sonrisa.
Eras un sol radiante,
inmortal, de eternidad,
primavera plena,
viva esperanza de inmortalidad.
Ahora sé que no eres un sol,
tu rostro no es tan radiante, ni tan florido.
Ahora sé que eres un sistema solar,
de planetas alineados,
de lunas desterradas,
de estrellas infinitas.
Ahora sé que eres un mar,
poseído y poseedor,
de música,
de canto, de vida
de sal y calor.
Ahora sé, que tus pasos estelares,
se alejan presurosos.
años luz…
Deseo sideral,
lejanía de cristal obscuro,
de luces, de pretérido y futuro.
Ahora sé que tus rayos antes dorados,
tienen blanca luz, de plata,
y tus ojos son el limbo de mis sueños,
como tu rostro
el espacio donde navegan mis miradas,
ellas, náufragas de la mañana,
resabios del despertar lluvioso,
de nuestra infancia terminada.
1 Comentario »
Hoy el agua moja la calma.
Necesidad de lúbricos aciertos,
esperanza de tocarle los labios
a la hermosa tarde,
mojarlos con líquida ternura,
invadir sus comisuras
y sus internas espesuras.
Tomarle el botón quietamente
y mirar el manantial dorado de su origen,
beber de él con ansias de plata,
cuzar la delgada línea del deseo
al término de media noche.
Degustar el alba de su voz,
enredarse con sus hilos,
iluminarse las manos
húmedas de emoción.
Corazón transplantado a un farol.
Necesidad de verse iluminando su cuerpo desnudo
cubierto de un ámbar presuroso
de un rojo perverso, de un complaciente azul
colores adsorbidos todos en su redondo seno,
en su esférica pupila,
en su alma circular,
mojada su carne completamente ennoblecida
originaria ilusión de mis latidos…
Hoy el agua moja el alma.
Hoy el agua moja la calma.
Necesidad de lúbricos aciertos,
esperanza de tocarle los labios
a la hermosa tarde,
mojarlos con líquida ternura,
invadir sus comisuras
y sus internas espesuras.
Tomarle el botón quietamente
y mirar el manantial dorado de su origen,
beber de él con ansias de plata,
cruzar la delgada línea del deseo
al término de media noche.
Degustar el alba de su voz,
enredarse con sus hilos,
iluminarse las manos
húmedas de emoción.
Corazón transplantado a un farol.
Necesidad de verse iluminando su cuerpo desnudo
cubierto de un ámbar presuroso
de un rojo perverso, de un complaciente azul
colores absorbidos todos en su redondo seno,
en su esférica pupila,
en su alma circular,
mojada su carne completamente ennoblecida
originaria ilusión de mis latidos…
Hoy el agua moja el alma.
2 Comentarios »
{Desde Cuajimalpa, recordando esas tardes en Sebastián Camacho #5, en el Jardín Botánico, en Xalapa}
Es tarde, los ojos fallan
al centrar la imagen,
las minúsculas letras
escurridizas evaden
la lectura calmada.
Pequeños robots limpian
las ventanas de este cuarto,
cochinillas metálicas
de franelero oficio.
Todo es un ulular de ventiladores,
de señales, de luces parpadeantes,
de brillantes colores,
de encendidos resplandores.
Apareces, nocturna,
casi a hurtadillas,
con tus lentejuelos milimétricos,
seduce el habla, los ojos,
la sonrisa, hay una pausa…
los sonidos se multiplican,
las palabras fluyen.
Temprana plática, que comienza
en la tarde a cuenta-gotas,
que acaba
con palabras tupidas en la madrugada.
Lágrimas binarias,
que caen de oculares manantiales,
sed de algo,
cansancio de todo,
ropa nueva, colores que adornan
tu moreno rostro,
que brilla con su propio tono,
de nuevo la sonrisa
a alumbrar el horizonte.
Paz pausada, palabras nuevas,
sentimientos eternizados
recuerdos en raíz, pretrificados.
Flores en tu ser,
coronando el atardecer calmado
de un día de marzo,
o de junio, tan cercano.
Nombre dulce,
mirada azucarada,
piel canela,
risa desbordante,
figura estilizada,
la infancia rescatada,
la adultez acidulada,
la esperanza renovada.
Comunicación digital,
imparable, sin término,
secuencial,
simultánea,
¡tantos kilómetros
nos separan,
tantos bits
nos acercan
a intercambiar
las señales del alma!
Montañas verde-azules
empañan el horizonte
de deseos de retornar
a muchos años atrás,
a muchos días sin renunciar,
a muchas tardes sin llorar,
a muchas veces recordar
tus ojos verdes
tejiendo un mirar agudo,
un interior inquieto,
expresado en murmullos.
Caminamos despacio,
anti episódico devenir,
divertidos, en increíble
ambiente no lineal,
arborescente caminar,
disperso, multiestado,
ríes con estocástica indiscreción,
y exploras todo en derredor
con mirada nunca estática.
Largos árboles, fastuosos
en paradisíaco jardín,
nos acompañan, plagados
de vigilantes agentes,
plaguicidas patrulleros
que evitan mirarnos,
no les importa
nuestro calmado paso
entre el pasto y el limón
entre la cereza y la lima
entre el café y la flor.
Mecánicas flores
hacen fila para vernos,
equidistantes
formadas en racimos,
a distancias mínimas,
de su colorido centroide,
de hojas nacaradas,
matizadas de escalonado furor,
con sus diodos-androceos,
rojos, verdes, amarillos, morados
alucinantes se pierden
en la espesura del conjunto.
Por todos lados, recurrentes,
cítricos críticos,
autorreplicantes,
dotados de acidez autónoma.
Toronjas de trabajoso mecanismo,
de un magenta incandescente,
naranjas termoiónicas,
de vidriosa cáscara, doradas,
limas eléctricas, blanquecinas,
limones eléctronicos, verdosos,
y más allá,
un manchón de mandarinas mecatrónicas
color cobre.
Inalámbricas mariposas,
vestidas con velos estampados,
autoorganizados mapas de colores,
de infinito vuelo celular,
de probóscide multimodo,
incansables traficantes
de polen-láser digital.
Y las hormigas,
pequeños agentes buscadores
acorazados sensores,
percepción multimodal,
explorando van
el espacio que tus pies recorre.
Van estructurando milimétricas
la criba que a todos sostiene,
forman grumos de herrumbrosa tierra,
altares de deseos broncíneos,
donde enredan creencias de plata,
donde guardan frutos micrométricos,
con sus áureas intenciones,
minan emocionales galerías
donde forman laberintos,
gobernadas con luminosas pasiones.
Es este edén multifome,
una representación común,
a tu lectura afanosa del ambiente,
a mi escritura crítpica, incipiente,
así, la conexión se hace,
con protocolo tropical.
Alegre habla tu voz sinusoidal
tus ojos se llenan de sol,
y todo lo cubren de verde
tus miradas entusiastas.
Un verde como el que han de vestir
las luciérnagas de corazón fugaz,
de esplendor intermitente,
grupúsculos de luz,
alas que no paran jamás,
salen tras la lluvia
como cazadoras furtivas.
Parecen gotas que escapan de óptica fibra,
no poseen wolframita ardiente,
no se miran de frente,
sino de lado,
huyen con furor alado,
con estertor
bioluminiscente.
Son señales etéreas,
como escritos de tus manos,
lejanas bordadoras
de dígital lenguaje,
cinco lunas en creciente,
café corteza las envuelve.
Ojos cercanos que leen
y se entretienen
con ver pasar los mensajes,
en embarcación presurosa,
demodulados recuerdos
pasajeros del monitor,
escapan de la pantalla,
se escriben en la mente,
yacen en el servidor
de las cosas más presentes,
Aquí todo en derredor,
se tornó verde …
[27-mzo-2009]
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