W. Arturo Luna

(México D.F, 1.9.1979)

Mexicano por circunstancia y por convicción. Cuando existe algún motivo, arrancado de lo cotidiano como de lo extraordinario, escribe poemuletas, que le ayudan a caminar en los senderos de la existencia.

Como cree en la educación como un bien fundamental y un derecho de todos, poetizar la vida y socializar la poesía le parece una apuesta noble y placentera, además de una forma más de aprender mediante la experiencia simultáneamente íntima y colectiva de oír, leer o escribir.

El reloj camina ligero
como un loco indigente
con su paso diligente
que marca el ritmo vital
cual orden de general
que obedecer no quiero.

Me echa los minutos
como hormigas hambrientas,
que me carcomen contentas,
y me terminan la vida,
que es de prisa consumida
por hocicos diminutos.

Las horas corriendo huyen
con sus veloces agujas
que, chupando cual brujas,
nuestros mejores momentos,
sin importar sentimientos,
toda la vida destruyen.

Un respiro y un abrazo,
todo se pierde en segundos,
conocedores profundos
de los placeres primeros,
de dolores verdaderos,
de los labios y regazos.

Todo acaba en instantes,
en tragedia se convierte.
La alegría que hoy divierte,
mañana es tristeza pura,
que nos quita la hermosura
al olvidarnos del “antes”.

El “después” siempre viene
sonando sus campanitas
con sus alegres piedritas
que ofrecen nuevos cantos
pero que llenan de espanto
cuando menos nos conviene.

Así, en este ir y venir,
pasa la vida presurosa,
como aleteo de mariposa
todo huracán comienza,
que el reloj no nos convenza
de olvidarse del reír.

Pues si acaso así fuera
la vida está terminada
y las manecillas en picada
nos lanzarían sus dardos,
haciendo un pesado fardo
que el reloj nos dirigiera.

Si no es de esperar, ¿de qué se habla?
de la nada, si, de la nada.

En este mundo todo es esperar,
esperar la muerte, el hambre,
el sol, esperar haciendo algún oficio,
inventando cosas para decir que no esperamos,
pero las horas y los minutos se van,
chorreando tiempo vital, hinchado de esperar.

Por eso cuando cae un fruto del árbol
no se debe decir “maduró”, sino que esperó
lo suficiente.

Ni cuando a alguien sorprende la muerte
se debe decir “murió”, sino solamente “dejó de esperar”.

A veces las ideas son
grillos que no dejan dormir,
con su ruidosa persistencia
su tenaz llorido.

Otras tantas son
aves de canto dulce, merecedoras
de inagotable existencia.

Hay unas que toman de largo
la vida, sin importarles que
los hombres sienten y lloran,
se mojan la cabeza de
sangre vertida inconscientemente,
derraman gotas en la tierra.

Son seres extraños las ideas.

Algunas veces punzan en el
centro del cerebro, cual piquete
de abeja, y su resistencia a ser
olvidadas hace estragos en el
cuerpo del que las tiene.

Y si no les da salida, se enferma uno,
y se revienta como una vejiga,
inundada de agua insana.

Les gusta pasearse como gatos,
en silencio, de nocturna piel, arañando
las cosas ya definidas, haciéndoles
hoyos, dejando marcas irremediables.

Deshacen los conceptos como madejas
de hilo y aún, se matan unas a otras,
en irónica imitación de los humanos.

Luego las calienta una luz dorada
limpia de toda culpa, de toda “idea”
y se van, las hay más persistentes,
que resisten y se adhieren más al cuerpo,
mas una catástrofe anuncian:
el que las tiene ya está enfermo de pensar.

Ciertas ideas son un regalo,
frutas selectas del intelecto,
pero son condenadas al solo sitio
del que las tiene,
lo habitan, lo invaden,
se mueren con él.

Hay ideas tan fuertes
que ni el hambre las quita,
pero también las hay,
que ni el hambre quitan …

[Allá por los tiempos post-huelga en la UNAM, año 2000]

Me invitaste con una sonrisa, unos labios tiernos,
unos ojos serpentinos, una lengua mojada de esperanza.

Te espero con mi cajita, en la casita de la vida,
con mi corazón encajado, en una caja viva.

Qué invitación tan decente, tan especial, tan falta de heridas
tan olorosa a trampa, a casa, a hogar, a lima.

Caja tan llena de sol, de lila, de espigas,
olorosa caja
a flores recién abiertas al tibio viento de la amorosa espera
a angustia tibia, de luces invadida,
dulce de seducción granulada,
caja olorosa
a café negro, amargo y extenso
a entrepierna azucarada con deseo
caja de dulces dormida.

Y mi corazón des-cajado, desgajado,
tan lleno de ira,
tan opaco, tan lleno de ortiga,
tan falto de cacao y de tierra prometida,

En mi casa te espero
con mi caja que rebosa almíbar
en mi casa te espero
para provocarnos la sonrisa
bajo un anochecer de octubre
bajo una nube derretida

Te espero con mi cajita de la vida
porque tu sonrisa
es el botón de arranque
que me lleva a gozar la fantasía
tu mirada sempiterna
es la sublimación
de mi ilusoria pasión
te espero con mi cajita de la vida
porque quiero despertar en tus mañanas
darte mis tragedias cotidianas
quiero ser tu luz
tu piel
el sueño  de tu paz

llevarme lejos tu dolor
tu llanto
el sueño de tu espanto
quiero ser
por ti la luna
con su débil resplandor
el consuelo a tu quebrado corazón
te espero porque quiero ser
el cuento hecho canción
la llama ardiente
de tu amor
tu miel
tu quietud
el nombre que repites entre besos

quiero ser
la estrella que te guía
el impulso que te mueve día a día
quiero ser
el árbol
la llovizna
quiero que en mi boca
quepan todos los besos
que darás
quiero ser tu abrigo
tu pan
tus días
tus noches
tu destino

Quiero guardar tu cajita
tan buena y tan limpia
caja de abejas y hormigas
caja de cristal
donde mi ardor anida
ofrendarte un pecho-cofre
mitad beso, mitad abrazo
caja-corazón de miel

Caja, guarnición de sal
de incertidumbre desaparecida
corazón de maíz negro y rojo
caja que guarda
una flor
de naranjo
caja que guarda un rosal
caja que guarda tanto

Mas ¿cómo me guío a tu isla
con mi estrella consumida
sin saber contar
más que las grietas del alma
con la cara entristecida
con la desilusión a cuestas
con la vida entumecida?

¿Cómo me acerco a tu voz,
cómo a tu corazón canoro
cómo a tu luna interior
cómo a tu cajita-corazón
cómo a su íntimo tesoro?

Te espero con mi cajita de la vida
Sin lunas grises
Y sin quebranto
No te detengas a reparar
El puente roto
Con la brisa y con el llanto
te espero con mi cajita de la vida
con palpitantes sonrisas
con la ilusión hecha flor
te espero con mi cajita de la vida
quiero ser tu abrigo
tu pan
tus días
tus noches
tu destino
y tengo ganas
de que tu quieras lo mismo.

Tus ojos están
uno al norte,
uno al sur,
o acaso,
¿uno al oriente y
otro al poniente?

¿De dónde partiré
para llegar a ellos?

¿De dónde para
ir a la Meca
que es tu frente?

¿Hacia dónde mis
oraciones
y mi canción?

Si después de
inclinarme ante
tu luz, cubierto,
soy en ti,
¿a dónde?

Si después de
internarme en
el bosque, tu
sombra es luz
(de luna),

¿A dónde el
corazón?

Si luego de bebernos
tenemos sed
y nos volvemos a
beber,
¿a dónde nuestro
líquido vital?

¿A dónde tu silueta, dibujada
en nuestro patio-fuente
y hacia dónde su mirada?

Nuestras raíces se
acompañen y nos enriquezcan,
es tiempo de plantar
nuestro árbol,
en nuestro bosque.
Dime dónde.

2004

Cuando la lluvia lo invade todo
hasta el corazón se moja
porque el corazón sin ti
no tiene resguardo
ni escampa nunca la desesperanza
me llueve tu desamparo
y a chorros los anhelos se escapan
mis días son gotas de dolor
mis noches son charcos de olvido
donde a gotas se desangra la ilusión
y se forman ríos de lágrimas amargas
y mares de saladas perlas
perlas que se llevan mi alma
a navegar en el mar
del inmenso desamor en que me hundo si no estás
perdiéndose mi estrella marinera
en la espera nocturna
se humedece el alma del acuoso desconsuelo
que llueve sin cesar de las nubes
con que se viste tu ausencia

y mi dolor se expresa en esas aguas saladas
que hacen sangrar la herida
que ha mojado al corazón con tu lluvia pertinaz
que cae como cascada
de tus nubarrones de desamor

que ha creado con su interminable crepitar
vastos microocéanos
que mojan de tristeza
el interior ropaje

en donde crecen almárcigos negros
de incertidumbre musgosa
racimos de pena y dolor
fluídos animales de desesperación

y si mi dolor no cesa
en esta noche sin luna
sin paz
sin resplandor
Voy a arrancarme las venas
para que no palpite mi amor
para que frene ese torrente
de caudaloso dolor

entonces mi pecho albergará
madrigueras de venenosas medusas
pirañas despiadadas
y eléctrico rencor
y tormentas tropicales
de desolación

Si tu lúmina mirada
no guía el naufragio de mi barca
que las nubes se hagan polvo
y mi carne muerto escombro
que se creen crueles abismos
y que las líquidas moléculas
de la soledad invadan todas tus dimensiones

Que los monolíticos cardúmenes del deseo
sean devorados solitariamente
y se vuelvan gusanos atrapados
en un charco de abandonados recuerdos

Y que la lluvia no caiga
que las nubes se inflamen
y revienten secas
en protesta desafiante
del inefable destierro
de la sangre y de las flores
del naufragio del amor
y del diluvio de la impaciencia

Que la goteante inspiración
no se distinga
del vapor de la oquedad del alma
furiosamente acuatizada

y cuando escampe de este llanto
por la ausencia de tu estrella
escribiré con las cenizas de mi seca sangre:
naufragó mi soledad en los mares de los lagos de las nubes de las lluvias de las gotas de las lagrimas de mi enfermizo y acuoso amor

      

Te he quitado primero lo que ata tus cabellos
para verlos libres, cual aire que se pasea
por la rosa de los vientos
invadiendo todo mi horizonte

      te he quitado, un poco de preocupaciones,
unas más otras menos, siempre en la disposición de ser
quien soy, ante ti

      te he quitado algo de saber, compartirlo
quizá, es más indicado

      te he quitado la pintura de tus labios a
besos, por supuesto

      te he quitado la ropa que te cubre, centímetro
a centímetro, inspirado por el color de la piel que
puedo ver, ahi, donde no te tapas

      te he quitado algo de esa tela que, imagino,
cubre tu centro, y envuelve tu rosa magnífica,
cautivadora esplendorosa de mis ganas y mis
deseos de trascender

      te he quitado esa ropa que cubre tu pecho,
hasta tenerlo entre mis manos y mis labios
y he encontrado un llano pleno de anhelos,
un valle repleto de flores, espigadas, abiertas al tiempo
dos manantiales de ilusiones y sempiternas pasiones

      te he quitado el dolor de estar ausente,
entre el alba, y el crepúsculo,
cuando todo parece muerto,
sin tiempo, sin luz, sin respirar

      te he quitado la sonrisa de los labios,
y en su lugar he puesto una gota de satisfacción,
dos de gozo, y tres de esperanza

      te he quitado la calma,
se ha ido junto con la mia,
a rodar en cuadriciclo,
dejándonos a pie, en medio del Ajusco
llenos de tonos verdes,cafés,rojos y azules,
como tus ojos, instantes previos al amanecer

      te he quitado lo que he podido hasta el momento,
mucho en préstamo ha sido,
y en su lugar he puesto
cinco flores, un banquete y un camino.

      Te he quitado todo eso, y voy por más…

La fantasía es el oxígeno de la razón

Se cuenta por ahí que yo era libre,
que cabalgaba mis noches,mis días,
con la firmeza que dan los caballos negros,
que dejaba atrás mis agonías.
Se cuenta por ahí que yo era liebre,

Primo hermano del conejo lunar,
de pelaje claro, terso,
con orejas de parabólico alcance,
de un oír preciso, perverso,
cuatro patas en balance,
de arquitectura triangular.

Se cuenta por ahí que murciélago,
de vista obtusa,
de afilados dientes, blancos,
que te ponía confusa,
que habitaba tus barrancos,
que volaba entre tus piernas y en tu lago.

También se dice que serpiente,
que se enrosca entre las piedras,
que se vuelve esfera, peligro circular,
allende las laderas, las praderas,
las ganas de gritar;
que escamaba el inconsciente.

Que colmillos punzantes ardían
de pavorosa amenaza verde,
entre las mandíbulas mías.
Serpiente que durmiendo muerde.
Reptando entre tus alegrías,
una lengua bifurcada presumía.

Se dice que escorpión,
de coraza impenetrable
con reflejos precisos,
de carácter intratable,
de destellos cobrizos
con peligroso aguijón.

También se cree que hormiga era,
de mecánico paso,
que exploraba tus veredas,
el trabajo hecho pedazos,
con tres piernas, con tres brazos,
alada, negra, roja, arriera.

Que tenía felinos ojos,
piel manchada con estrellas.
Que ingeniosos dientes poseía,
que garras hirientes yo tenía.
Rugiendo cosas bellas,
desgarrando sueños locos,
arañando la esperanza me moría.

Que era tu carne mi alimento,
tu sangre precioso aceite,
tus entrañas, mi deleite,
que sobre ti saltaba,
con un respirar caliente,
que un furtivo momento,
me acechaba con su lente.

Se dice que era pez,
paseante de tus aguas,
que me aquietaba en el coral
de las ideas, de las palabras,
de la intuición animal,
que era pescado de vez en vez.

De contracorriente nadar,
y polícromo ropaje,
de la atarraya salvaje,
me libraba sin cesar
el escamoso navegar,
el acuático coraje.

También se dice que flor alada,
gusano venido a más,
por eólica inspiración
dejaba un capullo fugaz,
en contínua transición,
mariposa de alas doradas.

Se cree que anfibio animal
de verdoso transitar,
de enceguecido mirar,
de charco-lodo,
su consistencia corporal,
con lengua-brazo atrapa-todo,
de sistólico cantar.

Que colibrí de tornasol plumaje,
danzante de aleteo multicolor,
de pico certero, de lengua tenaz,
pequeño mecanismo extractor,
de jugo silvestre, de néctar salvaje.
Diminutos ojos, volador capaz,
pequeña bestia hecha flor.

28-Jul-2008

Ahora la rima decimal
es más incierta,
más virginal,
más despierta,
más digital,
tu sombra me da luz,
el árbol del pecado, leña es,

y tú y yo cocinamos
nuestros destinos en distinta hoguera,
en distinta tierra.

Las ventanas que dan al desierto
anuncian tormenta,
mas lento y aprisa,
fuerte y blando,
me apresuro al quicio,
donde el caminar se hace piel
para vestirme de animal cósmico,
comienzo a revivir mis antiguas alas
para volar hacia el solar horizonte sin regreso, sin final

y tú y yo cocinamos
nuestros destinos en distinta hoguera,
en distinta tierra.

Una luz, de mujer extensa, breve, abierta,
brava, incierta,
tenue, fugaz,
exhuberante,
me indica el camino del norte,
la guía de la estrella polar

tú y yo cocinamos
nuestros destinos en distinta hoguera,
en distinta tierra.

11/jun/2005

Las flores rojas
del pasado
aún no se secan,
renacen de cuando
en cuando
con punzantes
susurros
y con viejos conocidos
estridentes gemidos.

Hay toda la inmensidad
ahora, entre el río
de agua fría
y nuestros presentes pasos
la tormente fría
de mi regazo
no cobija tu mojado cuerpo:
es tu orilla
bahía de otro mar
porque ahora yo soy duna
del desierto,
escultura tenue
que el caprichoso viento
mueve a voluntad,
intento,
montaña, piso,
lamento.

Misterioso cuento,
tardío despertar,
silencioso cielo,
relampaguea sin tronar.

Hay una distancia infame
entre aquella tarde-noche
de perros,
y estas perras tardes,
estas noches perras.

Las flores blancas del pasado
enrojecen de vez en cuando.
13/jun/2008