Con tanto frío que se apagan hasta las luciérnagas.
Tanto frío que no puedo dormir fuera de mi.
Tanto frío que no puedo salir a ver morir a los indigentes.
Tanto frío que los pulmones no dejan ni hablar a los abrazos.
Tanto frío que llueven pedazos de nube.
Tanto frío que las rendijas se abrazan.
Tanto frío que el odio y el amor duermen juntos en mi cama.
Tanto frío que el fuego se dibuja pálido.
El aroma congelante viene a incapacitar el paisaje, dentro de las calles blancas los paraguas cubren el sol desaparecido. Diminuta briza acariciando los abrigos, ventanas que atraviesan la canícula, la señora de la florería abrazada a su chal, flores odiando ser deseadas en días tan colerantes. Calles que duermen temprano son calles que parecen dormir de día también.
Tan fatalista la gente de por aquí, de por allá, maldiciendo al día. Hoy es día de café, mañana será día de café y de aburrición, pasado mañana será día de café de aburrición y de películas. El periódico no pierde rastro, asustando personas sin perder el hilo. Monopolio de la gripa, farmacias vendiendo la gesta. El buenos días escondido por ahí arrastrando su mal ingrediente. Tanto frío que el buenas noches se torna galante…
El último en dormir; veo amanecer el pasado antier. Un retraso de garganta. Tengo visiones en la córnea derecha, la cortina del sueño enciende su crepúsculo.
El último en ahogar las paredes. Atipujo las silabas que ya no caben en mi mente en la boca del muro. Un escritor que no muere de hambre, si no de indigestión por el feto encajonado en el cráneo. Pisadas de araña para escribir versos sin idioma. Crecí una montaña para ver más allá de mi corral.
El último verbo en albergar un cuerpo, vivir la ciudad hasta su devastación, amamantar los escotes. Poeta sin época, mi sueño sin pulso, compasión de vena saltada, teoría del caos y trecientassesentaycinco mariposas aleteando en la palma de mi mano.
El último en esperar que el universo condene, el último matusalén.
El último en ver apagadas luces, peste blanca, siete trompetas de fantasía, un cuento antes de roma, un hombre bueno hace tres cristos…
Ma. Rosa Muñoz, Alicia castillo, Angélica González, Eos Deneb, Manuel Martínez M, Joel Ignacio Montes, José Luis Miranda R, Elvia Madrigal, Daniela Mendoza y Mirna V. Viveros
La cinta, de 27 minutos y de la cual Crónica tiene una copia, fue realizada por el grupo La Risa de la Libélula Atonal en 1994. Estridentismo, gritos náufragos en la ciudad es su título y presenta al último miembro vivo, en ese momento, List Arzubide, como protagonista y narrador del periplo de Manuel Maples Arce y del grupo.
Es, sin duda, una pieza interesante por la aparición de List Arzubide, pero también por sus reflexiones sobre la poesía, dice Ramón Alvarado, director del Comité Editorial del departamento de Educación y Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco, quien rescató el filme y lo presentó en “Vanguardias artísticas y literarias del siglo XX”, dentro del V Congreso Internacional de Literatura Latinoamericana en noviembre de 2005.
También aparecen los críticos literarios Evodio Escalante y Luis Mario Schneider hablando de la trascendencia del movimiento en medio de una agobiante estética de la posrevolución. Al respecto, Xavier Villaurrutia lo calificó como la corriente que rompió con las aguas estancadas de la poesía, la plástica y la música.
Pero, también, este año se cumplen 88 del lanzamiento del primer Manifiesto estridentista, el 31 de diciembre de 1921, y el Museo Estudio Diego Rivera abrirá del 16 de agosto hasta el 25 de octubre la muestra Vanguardia estridentista. Soporte de la estética revolucionaria, con más de 130 obras, entre fotos, grabados, documentos, pintura y retratos…
(continuará)